La Biblia de tapa dura pesaba en las manos de Valentina mucho más que sus páginas de papel cebolla y tinta sagrada. El hueco tallado en su interior, donde descansaba el revólver aceitado, no era un regalo de consuelo divino. Era la evidencia física de que los tentáculos de Nicolás Valente habían alcanzado y estrangulado la última línea de defensa de Fernando y el coronel Leal.
Si esa arma era descubierta en su posesión, la narrativa sería perfecta: el Coronel Leal, un militar corrupto, intentab