Fernando caminaba de un lado a otro, rodeado de servidores informáticos que zumbaban con el calor del procesamiento de datos.
Frente a él, sentado en una caja de municiones, estaba el coronel Leal. Un hombre de uniforme desgastado y mirada cansada, uno de los pocos militares honestos que quedaban.
—Nicolás está usando a su abogado para mantener a Valentina cautiva legalmente, protegida pero silenciada —explicó Fernando, señalando los esquemas en la pizarra—. Es un escudo humano. Pero no es sufi