El cerrojo de la celda 402 chasqueó con un sonido metálico definitivo, encerrando a Valentina en la penumbra junto a su nueva realidad. Regresaba de la visita al patio con la adrenalina de la misión bombeando en sus sienes, pero el terror de la instrucción de la jardinera pesaba más que las cadenas: dominar El Muro.
Valentina se quedó de pie junto a la puerta, sintiendo una mirada clavada en su nuca.
Su compañera de celda, Isa, estaba sentada en la litera inferior. Era una mujer alta, de hombro