Capítulo 40
—Probablemente —admitió Galiano—. Pero quizás... solo quizás, su amigo Fernando fue lo suficientemente listo para dejar algo que únicamente usted entienda. Tiene cinco minutos antes de que los guardias regresen.
Valentina dudó. Era una trampa. Tenía que serlo. Pero la mención de Fernando era un imán irresistible. Rompió el papel de aluminio. Era un smartphone barato, encendido y listo.
Sus dedos temblaron mientras tecleaba. No necesitaba mirar el papel que se había tragado; los númer