El aire de la mansión Valente, siempre pesado y silencioso, se había vuelto denso y tóxico después del amanecer. Las paredes de piedra parecían retener el eco del disparo de la noche anterior, vibrando con una tensión que erizaba la piel.
Oficialmente, la versión que circulaba entre el personal de servicio era la del "incidente del cazador furtivo". Se decía que un intruso había intentado saltar la verja y que un arma se había disparado accidentalmente durante la persecución. Pero los sirviente