Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de varios días de la boda, decidieron ir a una isla privada en el Caribe. El jet los dejó allí solo a los tres: Viktor, Sofía y Alexei, con niñera una discreta en la villa contigua por si necesitan “tiempo de pareja”.
La villa es de ensueño, hay playas blancas delante, piscina infinita y enormes, hamacas bajo palmeras, bebidas tropicales, y todo privado y perfecto. Sofía sale al balcón en bikini blanco que marca la pancita de cinco meses y medio, piel bronceada ya por el sol, pelo suelto y salvaje. Viktor la sigue en short negro, con su torso tatuado brillando de crema solar, Alexei en brazos de él con un gorrito puesto y flotador. —Mira esto, amor… playa solo para nosotros.— dice ella, estirando los brazos. Él la abraza por detrás, con su mano tatuada de telaraña en su vientre redondo, besándole el cuello con delicadeza. —Y yo que pensé que el monasterio era silencio… esto es paraíso. Tú en bikini, el niño jugando en la arena, yo sin reuniones. Alexei señala el mar. —¡Yaya! (agua en idioma bebé) ¡Pa-pá! Viktor se ríe alegre y lo baja a la arena. —Vamos, pequeño zar. Papá te enseñará a hacer castillos de arena. Pasan la mañana construyendo castillos de arena; Alexei destruyendo todo con risas, Sofía tumbada en la hamaca mirando, con su vientre bajo la sombra. —Oye, rey… ¿te imaginas esto con tres o cuatro corriendo por aquí?— pregunta ella, traviesa y coqueta. Viktor levanta la vista, arena en las manos. —¿Ya pensando en el tercero? Acabamos de tener luna de miel y ya quieres más caos. Ella se ríe, y se acaricia el vientre lleno por instinto, algo distraída y pensando. —Este sale en cuatro meses. Tiempo de sobra para practicar el próximo. Él se limpia las manos, se acerca gateando por la arena, solo para inclinarse y darle un beso delicado en el vientre. —Practicar es mi parte favorita.— murmura Viktor con voz ronca despertando su ansia. Alexei los interrumpe tirando arena a su padre. —¡Pa-pá! Los dos se parten de risa. Almuerzo en la terraza fue servida con langosta fresca, fruta tropical y zumos. Sofía come mango, con el jugo chorreando por la barbilla. Viktor se inclina, lo lame lentamente con intención de provocar. —Sabes mejor con mango. Ella le mancha la nariz con fruta. —Y tú sabes mejor con sal de mar. Se dan besos cortos y juguetones, muy amorosos, Alexei aplaudiendo desde la trona. En la hora de la siesta, la niñera se queda con Alexei meciendo suavemente donde duerme. Viktor y Sofía están descansando en la hamaca grande, ella estando encima de él sin bikini. —Aquí nadie nos ve…— susurra ella, bajándole el short. Entra despacio, moviéndose suave con el balanceo de la hamaca. —Joder… el sol, la brisa, tú dentro… esto es luna de miel de verdad.— gime él. Ella acelera un poco más, con el vientre rozando sus abdominales. —Y mañana en la piscina… y pasado en la playa de noche.— Ambos jadean en el momento, Viktor agarrando sus caderas hasta que ninguno puede más y ambos llegan al límite, los dos se vienen en silencio con gritos ahogados y ojos en blanco hasta que se desploman los dos. Más tarde, decidieron ir de paseo por la playa, Alexei recogiendo conchas, Viktor cargando a Sofía en brazos cuando se cansa. —Estás pesada, reina embarazada.— bromea él. Ella le da una leve palmada en el pecho. —Pues cárgame, esposo fuerte. Es tu culpa. Él se ríe de buena gana y le da un beso en la frente oliendo su aroma a champú de cabello. —Culpable pero feliz, amor. En la noche, la cena romántica en la playa era lo que no podía faltar, con la mesa adornada de algunas velas, el sonido del mar de fondo, el aroma a sal en el aire y la arena bajo los dedos de los pies. Alexei ya está durmiendo plácidamente con la niñera. Sofía está vestida con un vestido ligero color blanco porque le encanta verlo sufrir. —¿Te gusta verme de blanco todavía?— pregunta con una voz coqueta. Viktor la mira de arriba a abajo, con las pupilas dilatándose de deseo puro. —Me mata. Me recuerda la boda… y la noche que lo manchamos. Después de cena, la lleva a la orilla. La tumba en la arena tibia, con el vestido subido hasta más de los muslos y sin más, entra en ella bajo las estrellas. —Aquí… con el mar oyendo. Hacen el amor con pasión y ternura, al son de las olas rompiendo, al ritmo de la noche, ella gritando su nombre a los cuatro vientos, con sus piernas envolviendo el vaivén de sus caderas. Ambos llegan a la cúspide con la luna como única testigo. Después de un buen rato aún desnudos en la arena, se quedan tumbados abrazados saboreando la brisa de la noche. —Este viaje… lo mejor después de volver del monasterio. Ella suspira llena de dicha y felicidad. —Y lo mejor está por venir; este pequeño naciendo, Alexei creciendo, nosotros… locos de amor. Se besan lento, sal en la piel, futuro brillando. Luna de miel perfecta. La luna cuelga baja sobre el mar, plateando la arena donde Viktor y Sofía yacen desnudos, todavía jadeando del orgasmo que les dejó las piernas temblando. El agua lame sus pies, fresca, y el viento cálido seca el sudor de sus cuerpos. Sofía se incorpora sobre un codo, la pancita redonda brillando bajo la luna, y le pasa un dedo por el pecho tatuado a Viktor. —Oye, Esposo mío… ¿te acuerdas cuando me trajiste a una isla la primera vez? Yo embarazada de Alexei, tú todavía con el ego de rey mafioso, creo que había en las primeras semanas. Él ríe bajito y le acaricia el vientre. —Cómo olvidarlo. Me amenazaste con tirarme del borde del yate y caer al mar. Y luego me miraste con ganas de f*llarte en la cubierta con el capitán mirando con disimulo Ella se parte de risa sin poder aguantar las lágrimas, y le da un codazo juguetón en el brazo. —¡El capitán no miró! O eso espero. Pero sí… eras un cavernícola. Y mírate ahora; construyendo castillos de arena y cambiando pañales sin quejarte. Viktor la atrae hacia él, la besa suave en los labios con sabor a sal marina. —Tú me cambiaste, Sofía. Del monasterio a esta playa… todo por ti. Se quedan callados un rato, escuchando las olas. Alexei duerme en la villa, pero mañana será otro día de caos feliz; el niño corriendo desnudo por la arena, gritando “¡papá, agua!” cada cinco minutos. —¿Sabes qué pienso?— dice Sofía, trazando círculos en su abdomen. —Dime, reina— responde Viktor en voz baja y serena. —Que este viaje es perfecto porque estamos los tres solos. Nada de Dimitri, nada de guardias, nada de imperio. Solo nosotros. Él asiente, con su mano en el vientre hinchado sintiendo algo se movimiento. —Y este pequeño haciendo equipo. Cuatro pronto… o cinco si sigues mirándome así. Ella le muerde el hombro juguetonamente, con provocación. —No me tientes. Con esta pancita ya me cuesta ponerme de pie después de que me f*llas en la hamaca. Ambos se ríen con diversión, rodando por la arena húmeda que se les pega en la piel. Viktor la pone encima, ella a horcajadas desnuda bajo la luna. —Entonces mañana te f*llo en el agua. Flotando. Para que no te canses... ¿Te imaginas esa travesía? Y que nadie nos pille al hacerlo con discreción. Ella se mueve un poco, rozándolo, poniéndolo duro otra vez. —Trato hecho, amor. Pero ahora… ronda dos en la arena. Quiero sentirte con granitos pegados al en las nalgas. Lo guía dentro despacio, gimiendo cuando la llena. —Joder, Viktor… siempre tan grande… como la primera vez que me asustaste. Él empuja suave desde abajo. —Pero ahora te asusto de placer, Sofía, y te lleno de felicidad. Se mueven lento, la arena pegándose a la piel, el mar de fondo con las olas golpeando la orilla, con las estrellas tilitando en el cielo oscuro de noche, y la luna iluminando su momento más preciado. Conversan entre gemidos. —¿Nombre para este?— pregunta él, mano en la pancita. —Nikolai Antonio, como dijimos. Ruso y andaluz. Para que mamá no me mate. Él se ríe, acelera un poco con el sudor perlando su frente. —Y el tercero… ¿ya pensando en niña? Ella se aprieta a su alrededor con travesura ante la idea y gime. —Niña para que te tenga de rodillas cambiando lazos en vez de pañales de niño. De tanto estar pensando en procrear bebés, ambos llegan hasta el punto álgido y sie vienen juntos los dos sacudiéndose como si les hubiera dado un ataque epiléptico, pero por la sensación de la dicha y la liberación, ella temblando encima hasta que se va calmando, y él agarrándola fuerte para no dejarla caer. Después de un rato más, se quedan ahí, yacen mirando las estrellas que brillan en el cielo nocturno. —¿Extrañas Moscú?— pregunta Sofía. —Ni un poco. Aquí mando yo… en la playa.— murmura él con diversión por el momento. Ella le da una suave palmadita en el pecho a Viktor. —Mientes con todos los dientes. Aquí mando yo y lo sabes— sonríe ella con diversión, pinchando su pecho juguetonamente con el dedo. Se besan riendo y se quedan dormidos un rato pero madrugan primero que el mismo sol. En la mañana siguiente, el desayuno ya estaba servido en la terraza desnudos, Alexei todavía duerme. Fruta, yogur, café, era el menú de hoy. Sofía jugueteando en untar mango en su panza para que Viktor lamiera despacio y con gusto. —Desayuno completo. Ronda mañanera en la piscina; ella flotando, él por detrás en el agua, entrando suave con las olas artificiales. —Así no peso, Esposo mío. Ya en la tarde con Alexei; snorkel infantil, con peces de colores, el niño gritando emocionado cada vez que ve uno. Viktor cargando a Sofía en el agua cuando se cansa. —Estás glow, Sofía. Embarazada en bikini… y eso me tiene loco todo el día. Ella le da un beso lento y profundo lleno de amor y pasión. —Y tú con ese cuerpo de monje galán… me tienes mojada todo el día. Y ya para la noche, hacen una fogata en la playa, con malvaviscos, galletas y chocolate, algunos sándwiches de s'more dulce, luego Alexei se queda dormido temprano. Y mientras todos duermen, los dos tortolitos se escabullen en un encuentro épico contra una palmera; él levantándola, ella con piernas enroscadas, pancita entre ellos, mordiéndose para no gritar demasiado. —Este viaje… lo recordaremos siempre.— jadea él dentro de ella. —Y repetiremos con más niños corriendo. responde ella, corriéndose fuerte. Luna de miel, familia, playa, deseo infinito. El paraíso es ellos tres, pero pronto serían cuatro y más adelante cinco, no se sabe todavía, pero lo que sí se sabe es que serán una familia imparable que apenas están comenzando a vivir su vida de ensueño.






