Mundo ficciónIniciar sesiónEn el Aeropuerto de Sheremétievo, Moscú, se extiende el atardecer de un día primaveral.
Viktor ha planeado todo, Dimitri distrae a Sofía con una “reunión urgente” en la terminal VIP, Alexei con la niñera en el coche afuera. Sofía llega pensando que es algo del imperio, con su pancita ya de cuatro meses y medio ya marcada bajo el vestido negro ajustado que sabe que lo vuelve loco. Entra a la sala VIP… y se encuentra con él. Viktor de rodillas en medio del suelo de mármol, con un traje negro impecable, el anillo de diamante negro en la mano, rodeado de rosas rojas que Dimitri esparció discretamente. La sala está vacía salvo por ellos Dimitri cerró al público con excusa de “seguridad”. Sofía se queda quieta en la puerta, los ojos abiertos como platos con algo que no se esperaba, realmente fue una gran sorpresa, con la mano en la pancita por instinto. —Viktor… ¿qué haces? Él la mira, con su voz calmada pero temblorosa de emoción. —Lo que debí haber hecho bien desde el principio, reina. Arrodillarme delante de todo el mundo y pedirte que seas mi mujer. Se acerca gente pasajeros curiosos... y chismosos, periodistas que Dimitri avisó “accidentalmente”, con teléfonos grabando de varias manos. Viktor no aparta la vista de ella. —Sofía… madre de mis hijos, dueña de mi alma, la mujer que me mandó al monasterio y me salvó de mí mismo… Las lágrimas se acumulan en sus ojos antes de caer, sin vergüenza pero sonriente. —Cásate conmigo. Ya. Pronto. Para siempre. Porque tres meses sin ti me enseñaron que no vivo sin ti. Porque nuestra familia crece— toca la pancita con la mirada, —y quiero que este pequeño nazca con padres casados. Porque te amo más que a mi vida. Le extiende el anillo. Sofía llora y ríe al tiempo, llora por la felicidad que la invade y ríe porque llora de felicidad, y se acerca despacio. La sala entera contiene la respiración, teléfonos grabando, flashes discretos. Ella se arrodilla también delante de él, y le acuna el rostro con amor que raya a la reverencia. —Sí, Viktor. Sí, joder. Sí mil veces. Se besan lento y profundo, apasionado, lágrimas mezclándose, el anillo deslizándose en su dedo perfecto. La gente aplaude, grita, llora. #VolkovSeArrodilla trending en minutos. Dimitri entra con Alexei en brazos, el niño gritando —¡Papá! ¡Mamá! Los cuatro se abrazan en el suelo del aeropuerto: Viktor, Sofía embarazada, Alexei riendo y el futuro brillando. Después, en el coche de vuelta, Sofía se sube a horcajadas en el asiento trasero, con la pancita entre ellos. —Ahora sí, mi rey limpio… vamos a celebrar la pedida como Dios manda. Le baja la cremallera, se sube el vestido y lo monta despacio mientras Dimitri sube la mampara con sonrisa de “ya sé lo que viene”, el trauma lo terminó acostumbrando. —Por cada mes que esperé… un orgasmo ahora. Viktor gime contra su cuello. —Tres meses… tres orgasmos… reina mala. Se vienen juntos como siempre, al unísono, temblando, con Moscú pasando afuera y el anillo nuevo brillando en su dedo. De vuelta en el ático, llaman a doña María por vídeo. —¡Mamá! ¡Dijo sí en el aeropuerto! ¡Delante de todo Moscú! La señora chilla, llora y grita como loca pero una loca cuerda y alegre —¡viva los novios!— hasta que las vecinas entran en casa. —¡Ya hago la maleta! ¡Llego mañana! ¡Mi niña embarazada y casada! ¡Ay que me da algo! Se ríen los tres y Viktor besa la pancita otra vez. —Bienvenido al mundo, pequeño. Tus padres se casan pronto. Y Moscú entero celebra que el rey se arrodilló… y la reina dijo sí. Al amanecer, la luz dorada entra por los ventanales del ático, bañando la cama en un resplandor que parece bendición después de tres meses de separación. Viktor despierta primero, con Sofía pegada a su pecho, la panza redonda presionada contra su costado, Alexei acurrucado al otro lado, respirando tranquilo con el pulgar en la boca. Él no se mueve. Solo mira, a su reina embarazada, hermosa incluso dormida con el pelo revuelto y las marcas frescas que le dejó anoche en el cuello; al niño que ya camina y dice “papá” como si nunca se hubiera ido. Siente que le explota el pecho de gratitud. Le besa el vientre suavemente, con cuidado, sus labios rozando la piel cálida. —Buenos días, pequeño… papá está aquí para siempre. Sofía se remueve, abre apenas un ojo, entrecerrado y travieso. —Si sigues besando ahí, vas a despertar a mamá de forma muy mala. Él sonríe contra su vientre, y se le ocurre bajar más, le separa las piernas con cuidado y la despierta con la lengua: lento, profundo, saboreando cada gemido bajito que ella ahoga en la almohada para no despertar al niño. —Viktor… joder… sí… compensa otro mes… susurra ella, arqueando la espalda, la barriga le tiembla con cada lamida. La hace venirse suave y largo, con dos dedos dentro curvados justo donde sabe que la vuelve loca. Después se sube, entra despacio por detrás, cucharita, una mano en su pecho, la otra en el vientre, con sus dedos extendidos, el dorso de la mano tatuada de la telaraña que siempre estuvo ahí. —Te extrañé así… dentro, calentito, tuyo… gruñe él, moviéndose profundo pero cuidadoso. Ella empuja el trasero hacia atrás, apretándolo. —Y yo te extrañé llenándome así… hazme sentir que volviste de verdad. Ambos se vienen ahogando el gemido y los dos temblando enredados, él derramándose dentro con un gemido ahogado contra su nuca. Alexei elige ese momento para despertar, gatear encima y meterse entre ellos riendo, ellos tuvieron que seguirle el juego y se cubrieron con las sábanas. —¡Mamá! ¡Papá! Jijiji. Los tres se ríen, besos por todas partes, cosquillas, promesas de desayuno en la cama. Viktor prepara blinis con caviar mientras Sofía ducha al niño, pero no puede evitar entrar al baño, quitarse la ropa y unirse también, él enjabonando la pancita, ella riendo cuando se pone duro contra sus nalgas. —Tres meses de monje… y ahora no paras, rey "limpio" ¿Eh? —Culpa tuya por estar embarazada y tan jodidamente sexy. Hacen un rapidín ahí mismo en la ducha, ella contra la pared, él por detrás, mano en la pancita protegiéndola, mordiéndole el hombro para no gritar, y se corren otra vez, jadeando bajo el agua caliente. Después de un rato, llegó el desayuno familiar, Alexei en la trona manchando todo de fruta, Viktor alimentando a Sofía en la boca como en los viejos tiempos, ella sentada en su regazo con la bata abierta. —Planes de boda— dice ella, mordiendo un blini de sus dedos. —En San Petersburgo, como prometí. Doña María llega mañana. Catedral para lo religioso, fiesta con flamenco y vodka. Tú de rojo, yo de negro. Alexei de arras caminando solo. Él le besa la pancita otra vez. —Y este pequeño… nace con padres casados. Ella sonríe, le acaricia la barba. —Y con un padre que aprendió a arrodillarse feliz. Dimitri llega con noticias, las fotos del aeropuerto ya son virales, #VolkovPideMatrimonio trending mundial, revistas pidiendo exclusivas. —Todo Moscú quiere la boda del año, jefes. Sofía se ríe. —Que esperen. Primero disfrutamos nosotros. En la tarde la pasan en la cama, Viktor adorando la pancita hora tras hora, lamiendo, besando, entrando despacio desde todos los ángulos posibles con cuidado del embarazo. —Compensando el mes uno… mes dos… mes tres…— gruñe él cada vez que la hace correrse. Ella tiembla y ríe toda mandona y autoritaria. —Más fuerte en el tres… monje malo que volviste peor. Al atardecer, Alexei duerme la siesta. Viktor la lleva al sofá del salón, la sienta a horcajadas. —Ahora sí… te monto yo hasta que supliques. Pero ella toma el control, lo cabalga duro, la pancita rebotando suave, los dos sudando, gimiendo sus nombres, y se corren gritando, sin contención ya. Después quedan totalmente exhaustos, ella en su regazo y él acariciando el vientre con su gran palma. —Volviste mejor que nunca, Viktor. Limpio por fuera… y sucio solo para mí por dentro. Él sonríe y la besa profundamente y reverente. —Y tú me esperaste embarazada, fuerte, una reina absoluta que valió cada oración, cada leña cortada. Se quedan así hasta la noche, planeando nombres él quiere Nikolai, ella quiere Antonia por si sale niña, riéndose con ideas locas, haciendo el amor una vez más lento en el sofá con la ciudad brillando abajo. Viktor piensa que tres meses de monasterio fueron el mejor regalo: volvió a una reina embarazada, a un hijo que camina hacia él, a una familia que lo perdonó. Y nunca, jamás, volverá a fallar.






