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Capítulo 83: Doña María llega.

En el Aeropuerto de Sheremétievo, mediodía soleado. Viktor, Sofía con su pancita de cuatro meses y medio marcada bajo un vestido rojo ajustado que lo tiene loco desde que se lo puso y Alexei esperan en la terminal privada.

Doña María baja del jet privado con maleta enorme, su bastón en una mano y bolsa de jamón ibérico en la otra. En cuanto ve a Sofía, chilla tan fuerte que retumba en toda la terminal.

—¡Mi niña! ¡Mi reina embarazada! ¡Ay Dios mío qué barriguita más bonita!

Corre apoyada con el bastón lo mejor que puede y la abraza con fuerza, dándole besos por todas partes, y sus manos arrugadas pero suaves en la pancita.

—¡Y mi yerno limpio y guapo! ¡Ven aquí, niño!

Abraza a Viktor como a un hijo, le da palmadas en la espalda.

—¡Tres meses en el monasterio y volviste más santo y más galán! ¡Bien hecho, que mi niña te domesticó!

Viktor se ríe de buena gana aunque se sintió algo dolido que le hayan mencionado la palabra "domesticado" como si se sintiera caballo de establo, pero obviamente no iba a enojarse, todo lo contrario, se acerca y la besa en las mejillas.

—Gracias por no cortarme los huevos, mamá.

Ella le guiña un ojo.

—Todavía estoy a tiempo si la cagas otra vez.

Alexei grita ¡ma-má! y se lanza a sus brazos.

Doña María llora de alegría, lo apachurra contra sí y le da muchos mimos, lo besa, y le da un poquito de jamón en la boca.

—¡Mi príncipe! ¡Come jamón de verdad, que en Rusia no saben!

En el coche de vuelta, doña María no para, grita planes de boda, critica el frío ruso, alaba la pancita, regaña a Viktor por la cagada pasada pero lo perdona con besos.

—¡Boda en San Petersburgo ya! ¡Catedral, flamenco, paella y vodka! ¡Yo traigo el jamón y el traje de Sofía lo elijo yo!

Sofía se ríe con alegría y diversión sentada al lado de Viktor.

—Mamá, lo que tú digas.

Llegan al ático.

Doña María entra, mira la vista, silba.

—¡Joder qué barbaridad! ¡Mi niña manda en Moscú entero!

Se instala en la habitación de invitados, saca jamón, chorizo, pimentón, aceite de oliva.

—¡Esta noche cocino yo! ¡Tortilla de patatas para celebrar que mi yerno volvió monje y mi niña está preñada!

La cena familiar se vuelve caótica y deliciosa, tortilla perfecta, jamón cortado a mano, blinis rusos mezclados con t***s andaluzas. Doña María cuenta anécdotas del pueblo, hace llorar de risa a todos.

Alexei está en la trona manchando todo y salpicando sopas de borsch, y Viktor como siembre, dedicándose a alimentar a Sofía en la boca, mientras que ella está sentada en su regazo con la pancita pegada.

Doña María los mira, ojos brillantes.

—¡Qué familia más bonita! ¡El rey arrodillado, la reina embarazada y el príncipe comilón!

Después de cenar, Alexei se dedica a dormir y Doña María se va a su habitación con un “no hagan ruido, tortolitos, que la abuela duerme ligero”.

En el dormitorio, Sofía empuja a Viktor contra la puerta.

—Ahora sí… con mamá en casa, tenemos que ser silenciosos, así como la última vez que vino a visitar.

Le baja la cremallera, y ella se sienta en la cama para más cuidado y comienza a adorarlo como siempre, hasta el fondo.

—Shhh… ni un gemido o despiertas a la abuela.

Lo chupa profundo, mirándolo, hasta que él tiembla y después de unos segundos, él se viene en su boca con un gruñido ahogado. Luego lo tumba en la cama y se sube encima con cuidado de la pancita, lo empala.

—Mmm~ mi amor, esos tres meses en el Monasterio no fueron suficientes para calmar este fuego.

Lentamente comienza a moverse en círculos lentos, apretándolo, tapándole la boca con la mano cuando gime demasiado, a los pocos minutos, ambos llegan a la liberación casi al mismo tiempo tratano de gemir lo más bajo posible sin despertar a la doña durmiente, se quedan ahí temblando, mordiéndose para no gritar.

Después, sudorosos, ella sigue en su regazo.

—Mamá aprueba la boda. Dice que te ganaste el perdón.

Él le dedica vario besos en su vientre ligeramente hinchado.

—Y yo me gané la vida entera contigo.

Ambos se duermen abrazados, con olor a tortilla y jamón flotando en el ático. Los preparativos exprés empiezan mañana. Y la familia más loca y feliz de Rusia se prepara para la boda del año.

La mañana siguiente amanece con olor a café fuerte y churros que doña María ya está preparando en la cocina, gritando órdenes como si el ático fuera su casa en San Petersburgo.

—¡Levántense, tortolitos! ¡Que la abuela ha hecho churros con chocolate caliente! ¡Y nada de tonterías en la cama que hay niño y abuela en casa!

Viktor y Sofía se miran en la cama, y se ríen bajito, él con la mano todavía en la pancita.

—Tu madre nos tiene controlados, reina.

Ella le muerde el labio.

—Por eso esta noche… te f*llo en silencio otra vez. Para que aprendas a contenerte.

Los dos se levantan, y se meten a duchar rápido con manos traviesas pero sin llegar a más porque Alexei ya llora pidiendo el desayuno.

En la cocina, se encuentran con un caos absoluto, doña María con delantal, Alexei en la trona manchando todo de chocolate, Dimitri llegando con periódicos y revistas que ya hablan de la pedida en el aeropuerto.

—¡Mi niña en portada otra vez! ¡Y mi yerno de rodillas! ¡Ay que ver lo que ha cambiado el ruso este!

Viktor se ríe, abraza a su suegra por detrás con mucho cariño y afecto.

—Todo por su hija, mamá. Me domesticó bien.

Doña María le da un codazo juguetón.

—Y menos mal, que si no te corto yo lo que ya sabes.

En el desayuno familiar, los churros crujientes impregnan el comedor con un olor dulce y canela, con chocolate con leche espeso, y jamón cortado en rodajas delgadas y finas. Alexei estaba todo embadurnado hasta las orejas, y Sofía comiendo por dos con la pancita pidiendo más.

Viktor no puede dejar de tocarla, su mano siempre se posa en el vientre de ella, dando besos en el cuello disimulados.

—Esta noche repetimos lo de ayer… pero con chocolate. susurra él al oído.

Ella le aprieta la pierna bajo la mesa.

—Pero ya sabes, silencioso… o mamá nos pilla.

Después del desayuno, empezaron con los preparativos exprés.

Doña María toma el mando, llama a modistas de San Petersburgo, reserva la Catedral de San Isaac para lo religioso porque “en Rusia hay que casarse con Dios mirando”, contrata grupo de flamenco que viene de España.

—¡El vestido de mi niña lo elijo yo! ¡Blanco como el primer matrimonio que se merece!, como la flor más bella y prístina que hay! ¡Que todo el mundo vea que mi Sofía es reina de verdad!

Sofía se ríe, pero deja que su madre mande.

Viktor, en una llamada con Dimitri, organiza seguridad, invitados VIP Bratva limpia y oligarcas aliados, jet privado para la familia.

Pero la tarde es para ellos.

Doña María se lleva a Alexei de paseo con la niñera “¡La abuela mimando al nieto!”, dejando el ático vacío.

Sofía arrastra a Viktor al dormitorio.

—Ahora sí… con mamá fuera, gritamos todo lo que queramos.

Lo empuja a la cama, le quita la camisa, le besa el pecho tatuado, baja por los abdominales marcados por el trabajo del monasterio.

—Mira qué fuerte volviste… monje galán.

Le baja los pantalones, y claro que no duda, se lo come como si fuera su postre favorito, chupando profundamente, lengua jugando en la punta hasta que él gruñe y tira de su pelo.

—Reina… joder… tres meses sin esto… me vas a matar.

Ella se sube encima, se quita el vestido, queda desnuda con la pancita redonda brillando.

—Te mato de placer… compensando lo que sufrí sola.

Lo monta con fuerza, brutalmente delicioso, la pancita rebotando suave, pechos llenos por el embarazo moviéndose, los dos sudando, gimiendo sin contención.

—Más fuerte… quiero sentir que volviste entero.

Él la agarra de las nalgas, y él empuja desde abajo, la hace gritar su nombre una y otra vez.

Ambos llegan a la liberación que los deja sin aliento y gritan como si no hubiera un mañana, ella apretándolo dentro, él derrumbándose con un rugido que retumba en el ático vacío. Después de un rato, se quedan jadeando, ella en su pecho y él acariciando la pancita como siempre.

—Este pequeño va a tener padres locos de amor.

Ella sonríe, le besa el corazón.

—Y una abuela que los va a malcriar con jamón.

Se ríen, se duchan otra vez esta vez con ronda dos bajo el agua, él por detrás con cuidado, mano en la pancita.

Al atardecer, doña María vuelve con Alexei dormido y bolsas de compras.

—¡Traje mantilla para la catedral! ¡Y zapatos blancos con perlas para mi niña!

Cena andaluza-rusa, paella improvisada con caviar, más jamón, vino caro, la Doña María cuenta historias del pueblo una vez más, y los hace llorar de risa, bendice la pancita diez veces.

—¡Este niño sale con acento mixto! ¡Nikolai Antonio Volkov!

Viktor y Sofía se miran, enamorados.

Pasando las horas del atardecer, la noche llegó y Alexei duerme, doña María ronca en su habitación.

Viktor y Sofía en la cama, él lamiendo chocolate de su pancita, ella gimiendo bajito, justo lo que habían planificado desde esta mañana.

—Silencioso otra vez… mamá duerme cerca.

Pero gritan igual, mordiendo almohadas, compensando cada día perdido. La boda se acerca. Y la familia más loca, caliente y feliz se prepara para el sí definitivo.

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