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Capítulo 71: Una promesa al cielo.

Ático de la Torre Volkov, dos semanas después del atentado. Alexei estaba durmiendo plácidamente en la cuna, cuando de repente, una fiebre de 39.8 lo derriba como un rayo en plena noche.

A las 03:17 a.m. El llanto del bebé es un cuchillo que despierta a Sofía primero. Se levanta de un salto, corre a la nursery y lo encuentra ardiendo, la carita roja, los ojitos vidriosos.

—¡Viktor! ¡Llama al pediatra, ya! Ay no... Alexei está muy mal.

Viktor, todavía con el hombro vendado y dolorido, agarra al niño en brazos con cuidado infinito y siente el calor que quema a través del pijamita.

—Shhh, malysh (pequeño)… papá está aquí…

Llegan al hospital infantil privado en menos de quince minutos, El pediatra los hace pasar inmediatamente, revisa y da los siguientes diagnósticos; infección respiratoria alta, posible neumonía incipiente, gracias a ello, es ingresado de inmediato, suero, antibióticos y oxígeno.

Después de 48 horas sin dormir, Sofía y Viktor se turnan al lado de la cuna, ella cantando nanas en español, él susurrando cuentos rusos viejos que su propia madre nunca le contó. Alexei llora, tose, duerme a ratos, despierta sudando.

Viktor apenas le apetece comer. El hombro le duele más con el estrés, pero no se queja, solo mira a su hijo y siente que el mundo se le cae encima, un gran peso que sobrelleva en sus hombros, ver a su pequeño heredero en tan mal estado es como si se lo reflejaran en él.

En la segunda noche a las 02:44 a.m, Alexei está estable por fin, la fiebre baja a 38, Viktor sale al pasillo del hospital, solo, y se arrodilla delante de la pequeña capilla ortodoxa que hay en la planta.

Mira el icono de la Virgen con el Niño y hace algo que nunca jamás había hecho en su histórica vida de mafioso, orar.

—Dios… o quien sea que esté escuchando…

Si mi hijo se salva, si sale de esta… hago lo que sea, cierro todo lo sucio que quede, me portaré bien a partir de ahora, oraré o rezaré haré un pacto, como quieras... lo que quieras... pero no me lo quites, no me quites a él… ni a ella.

Llorando en silencio con los hombros temblorosos, y con la cabeza apoyada en la pared fría, Sofía lo encuentra así al salir a buscarlo, se arrodilla a su lado, lo abraza por detrás.

—Va a estar bien, amor. Ya está bajando la fiebre.

Él se gira, la mira con los ojos rojos.

—Lo prometí, Sofía. Si se salva… hago lo que sea.

Ella le acaricia la mejilla.

—Ya lo estás haciendo. Eres el mejor padre del mundo.

Al día siguiente, sucedió aquello por lo que Víctor había llorado, sus palabras fueron escuchadas y quien quiera que fuera que haya sido, estará agradecido con el mundo, Alexei despierta avivado, sin fiebre con la carita rosadita y con un entusiasmo que lo levanta por completo, pide “ma-má” y luego “pa-pá” clarito, como si nada hubiera pasado.

Viktor se sintió feliz y Sofía sintió alivio tanto en Alexei como en el hombre a su lado, después de los informes, el pediatra por fin da el alta y volver a casa.

De vuelta en el ático, con el niño dormido por fin en su cuna, Sofía y Viktor se sientan en el sofá, exhaustos, cogidos de la mano.

—Tenemos que hablar de la boda— dice ella, voz suave pero firme.

Viktor la mira con preocupación.

—Dime.

—Se atrasa. Hasta que estés al cien por cien con el hombro, hasta que Alexei esté fuerte del todo… y hasta que pasen los engaños que sé que vienen.

Él frunce el ceño.

—¿Engaños?

Ella sonríe con tristeza y diversión al mismo tiempo.

—Sé cómo es este mundo, Viktor. Sé que la despedida de soltero va a ser una prueba. Y sé que vas a caer en alguna tentación. Pero también sé que vas a volver arrastrándote.

Él quiere protestar, pero ella le pone un dedo en los labios.

—No discutas. La boda será cuando todo esté limpio. Cuando tú estés limpio.

Viktor suspira levemente, y la envuelve en un abrazo cálido y fuerte.

—Trato hecho, mi reina. Pero duele esperar.

Ella le besa el cuello con delicadeza.

—El mejor s*xo es el que se espera, amor.

En ese momento suena el móvil de Sofía.

Doña María llamando.

Sofía pone altavoz.

—¡Hija! ¡Ya estoy haciendo la maleta! ¡Llego mañana para ayudar con la boda y con mi nieto!

Sofía suspira, mira a Viktor.

—Mamá… espera un poquito. Alexei ha estado malito, fiebre alta, hospital… ya está bien, pero la boda se atrasa un poco. Hasta que todos estemos perfectos. Te aviso yo cuando vengas, ¿vale? No quiero que viajes con el frío y el estrés.

Doña María chilla preocupada, pregunta mil detalles, llora un rato por el niño, luego suspira.

—Bueno, hija. Pero avisad pronto, que me muero de ganas de veros casar y de apechichar a mi príncipe.

Se despiden con besos y promesas, planificando ideas para la boda y orar para los cuatro. Viktor mira a Sofía cuando cuelgan.

—Tu madre me va a matar por retrasar la boda.

Ella se ríe, se sube a horcajadas sobre él con cuidado del hombro.

—Te matará menos que yo si la cagas en la despedida.

Le muerde el labio, y su mano recorre su muslo hasta subir lentamente y encontrar lo que buscaba, le baja la cremallera en un sonido satisfactorio.

—Pero hasta entonces… practicamos la luna de miel.

Y ahí, hacen lentamente el amor, despacio en el sofá, con el niño durmiendo al lado y la promesa de Viktor a Dios resonando en su cabeza como un juramento que aún no sabe que va a tener que cumplir de verdad.

El sofá de cuero negro cruje bajito bajo sus cuerpos exhaustos.

Sofía se queda encima de él, la cabeza apoyada en su pecho, escuchando el corazón de Viktor latir fuertemente, como si todavía estuviera corriendo de la fiebre de Alexei.

Él le acaricia el pelo con la mano, con lentitud, lleno de cariño, como quien toca algo sagrado.

—¿Sabes qué pensé cuando Alexei estaba tan mal?— susurra Viktor, voz ronca de cansancio y de algo más profundo.

—Dime, mi amor, qué es eso que lo que tanto te preocupa.

—Que si lo perdía… no merecía nada de esto. Ni a ti, ni la boda, ni ser padre. Que todo lo malo que hice antes me estaba cobrando factura.

Sofía levanta la cabeza, lo mira fijo.

—No digas tonterías. Tú no lo causaste. Y ya pagaste con creces; balas, el hospital, trasnochos, horas y noches sin dormir. Eres el hombre que mi hijo necesita. El que yo necesito.

Él sonríe débilmente, le da un beso en la punta de la nariz a Sofía.

—Por eso prometí a Dios lo que sea. Y lo cumplo. Cierro todo lo que huela a viejo Viktor. El último club, las rutas fantasma… todo.

Ella se incorpora un poco, se sienta a horcajadas otra vez, pero esta vez sin moverse, solo mirándolo.

—Por eso retraso la boda. No porque dude de ti… sino porque quiero que sea perfecta. Tú sin dolor en el hombro, Alexei gateando por el pasillo, mi madre gritando “¡viva los novios!” sin preocupaciones. Y sí… porque sé que vienen pruebas. La despedida de soltero, los viejos amigos que te van a tentar... no nací ayer y lo sabes Viktor, lo sabemos, Y quiero que pases esas pruebas con nota.

Viktor suspira, le agarra las caderas y le aprieta un poco la carne pensando ya en aquellos escenarios posibles e intentar evitar cada uno de ellos.

—¿Y si fallo?

Ella se inclina, le muerde el labio inferior suavemente antes de calmar con un suave beso.

—Entonces te me arrastras de rodillas y me suplicas. Y yo te perdono… después de castigarte como solo yo sé.

Los dos se ríen bajito.

Él le acaricia la espalda desnuda, baja hasta el trasero y aprieta.

—Trato, reina cruel. Pero hasta entonces… ¿me dejas practicar los votos?

Sofía sonríe peligrosamente, se mueve un poco encima de él, sintiendo cómo se endurece otra vez dentro.

—Practica. Pero callado, que el pequeño zar duerme.

Y empiezan otra segunda ronda; lenta, profunda, con las manos entrelazadas y los ojos fijos. Cada embestida es una promesa silenciosa: “te espero”, “te merezco”, “te amo”.

Cuando terminan, jadeando bajito contra la boca del otro, Sofía se queda pegada a él, ambos compartiendo la misma respiración, igualando los latidos del corazón al unísono.

—Cuando hablé con mamá antes. Le dije que no venga todavía, porque sabemos que Alexei ha estado malito, que la boda se atrasa un poco hasta que estemos todos perfectos. Se puso triste, pero entendió. Dijo que esperará mi llamada con la maleta hecha.

Viktor le besa el hombro.

—Tu madre me va a odiar por eso, por hacerla esperar.

—Te odiará menos que a mí si te dejo cagarla. Pero sé que no lo harás.

Él cierra los ojos, le da un abrazo cálido fuertemente.

—Por ustedes… no lo haré.

Se quedan así hasta el amanecer, enredados en el sofá, oliendo a s*xo y a hogar, con Alexei durmiendo tranquilo y la promesa de Viktor resonando como un eco en el silencio.

Al día siguiente, Dimitri llega con el desayuno y noticias; el último club de striptease ya está en venta.

Viktor firma los papeles sin dudar, delante de Sofía.

—Cumpliendo promesas— dice, guiñándole un ojo.

Ella sonríe orgullosa, le da un beso rápido.

—Buen chico. Sigue así y la boda será antes de lo que crees.

Pero en el fondo, los dos saben que vienen curvas, que la despedida de soltero acecha, que los viejos demonios van a susurrar, y que Viktor va a tener que elegir.... el pasado o el futuro que duerme en la cuna al lado.

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