Mundo ficciónIniciar sesiónUna semana después del alta de Alexei.
Todo parece volver a la normalidad; el niño gatea como loco por el salón, Sofía firma contratos desde el sofá con el portátil en las rodillas y Viktor intenta ayudar… pero el hombro todavía le molesta y acaba más estorbando que otra cosa. La lluvia torrencial cae en esta tarde en Moscú. Alexei, después de una siesta eterna, se despierta con hambre y llanto épico. Sofía se levanta y lo toma en brazos, lo calma arrullando un ratito, pero ella ya está agotada, varias horas de reuniones virtuales toda la mañana, el imperio no para ni por fiebres. Dimitri entra con una bandeja de café y blinis como siempre, aparece cuando más se le necesita. —Jefa, descanse un rato, déjeme cuidar al niño. Sofía, ya cansada y sin fuerzas para discutir, le pasa al bebé. Dimitri lo toma con una naturalidad que sorprende hasta a Viktor, lo pone contra su hombro, le da palmaditas suaves en la espalda y empieza a caminar por el salón tarareando una nana rusa baja y ronca. Alexei se calma en dos minutos, se ríe un poco, luego juega un rato con la corbata de Dimitri y se queda dormido otra vez contra su pecho enorme. Sofía suspira aliviada, se recuesta en el sofá y cierra los ojos un segundo. —Gracias, Dimitri. Eres un salvavidas. Dimitri sonríe de medio lado. —Para eso estoy, jefa— responde él con el echo henchido de orgullo masculino. Viktor, que estaba en la cocina preparando o intentando preparar un biberón, ve toda la escena desde la puerta, y algo se le revuelve dentro. No es racional, no... es algo... absurdo, unos celos puros, ridículos y calientes. Ve a Dimitri su amigo de años, su mano derecha, el hombre que le salvó la vida mil veces con su hijo dormido en brazos y su mujer mirándolo con gratitude absoluta. Y explota... claro internamente, una chispa de posesión y protección. Entra al salón como un toro, coge a Alexei con cuidado pero firme de los brazos de Dimitri y lo pega a su propio pecho aunque el hombro le dé una punzada de dolor. —Ya lo cojo yo, es mi hijo... yo puedo. El silencio se hace e incomoda un poco el ambiente, Dimitri se lo queda viendo aún con las manos en él aire sintiendo que le faltaba el peso del bebé. Sofía abre un ojo, arquea una ceja. —¿Perdona? Dimitri aún se quedaba quieto en su sitio, sin entender y sin intentar hacer ningún movimiento por el momento. Viktor, rojo como un tomate hasta las orejas y el cuello, balbucea. —Nada… que… yo soy el padre. Yo lo calmo. Alexei, al cambio brusco, se despierta y llora otra vez. Sofía se levanta despacio, cruza los brazos y lo mira con esa sonrisa peligrosa que lo pone duro y asustado a partes iguales. —Viktor Volkov… ¿estás celoso de Dimitri?— Pregunta Sofía ya sintiendo ligera diversión por las acciones de él. Él intenta negarlo, pero la cara lo delata. —¡No! ¡Claro que no! Solo… que es mi hijo y mi… Dimitri suelta una carcajada que retumba en todo el ático. —Jefe… ¿en serio? ¿De mí? Viktor lo fulmina con la mirada. —Cállate. Sofía se acerca, le quita al niño que ya se calma con ella al instante y lo mira fijamente con esa sonrisa que aún no se le va. —Ven aquí, celoso ridículo. Lo arrastra al dormitorio, cierra la puerta con pestillo y lo empuja contra la cama. —¿Celoso de Dimitri? ¿De verdad? Viktor, todavía sonrojado, murmura. —Te miró… y tú lo miraste… y el niño se durmió con él… Ella se ríe de buena gana, casi se le cae una lágrima, se sube encima de él, le agarra la corbata imaginaria. —Idiota. Dimitri tiene novia desde hace meses. Una doctora preciosa que lo tiene loco. Me la presentó ayer por videollamada. Viktor parpadea. —¿Novia? Sofía saca el móvil, abre la foto que Dimitri le mandó, él con una morena espectacular, los dos sonriendo en un restaurante. —Mira. Y está enamorado hasta las pelotas. Viktor se queda mudo. Luego se tapa la cara con la mano de la vergüenza que se le caía por cara. —Joder… quedé como un imbécil. Sofía se ríe contra su cuello, le muerde el lóbulo. —Como un imbécil celoso y adorable. Me encanta. Le baja la cremallera, le mete la mano dentro. —Debería darte un castigo por celoso, te f*llo hasta que admitas que Dimitri es solo familia… y que solo tú me pones así. Viktor gime cuando ella empieza a mover la mano. —Solo yo… joder, solo yo… Y ahí hacen un rapidín de los buenos de esos que no duran mucho pero que la adrenalina se siente mientras rebotan en la cama en tiempo récord, con la lluvia golpeando los ventanales y Alexei durmiendo tranquilo con Dimitri en el salón. Después, despeinados y riendo, vuelven al salón. Dimitri está sentado con el niño en brazos otra vez, mirándolos con cara de “ya sé lo que han hecho” y sintió un deja vú, esto ya le había pasado antes en otra ocasión y pensaba lo mismo. Viktor se acerca, le da una palmada en el hombro. —Perdón, hermano. Fui un pendejo. Dimitri sonríe. —Tranquilo, jefe. Los celos son cosa de enamorados. Y tú estás perdido por ella. Sofía se sienta al lado, coge a Alexei y besa a Viktor en la comisura. —Perdido y castigado. Pero... tan yo. Y los cuatro bueno, Dimitri incluido se ríen mientras la lluvia sigue cayendo y el imperio espera afuera. La lluvia sigue golpeando los ventanales como si Moscú entero estuviera aplaudiendo el ridículo de Viktor. Él está sentado en el sofá, con Alexei gateando sobre su regazo, todavía un poco rojo por los celos tontos. Sofía se acurruca a su lado, la cabeza apoyada en su hombro bueno, la mano dibujando círculos perezosos sobre su pecho. —Admítelo, amor… te puso cachondo verte celoso de ti mismo— susurra ella contra su oído, voz baja y juguetona. Viktor gruñe, y le aprieta la cintura, apretando su carne jugosa. —Me puso cach*ndo verte mandar, como siempre. Pero sí… fui un idiota integral. Dimitri, desde el sillón de enfrente, sigue riéndose por lo bajo mientras toma café. —Jefe, si algún día escribo mis memorias, este capítulo se titula “El día que Volkov celó a su propia sombra”. Viktor le lanza una mirada de fingida amenaza. —Y el siguiente capítulo será “El día que Dimitri durmió en Siberia”. Los tres se ríen otra vez, el ambiente era cómodo, alegre, sin molestias de afuera y cada quien se sentía en su paz. Alexei, ajeno a todo, agarra el dedo de Viktor y se lo mete en la boca para morderlo feliz. Sofía observa la escena con una sonrisa que le llega a los ojos. Se inclina y le da un beso suave en la comisura a Viktor. —Me encanta verte así, celoso, ridículo, padre… mío. Él gira la cabeza, la besa de verdad, lento y profundo, sin importarle que Dimitri esté ahí. Dimitri carraspea teatral. —Me voy antes de que me den un tercer trauma visual. Llamen si necesitan una niñera… o árbitro. Sale del salón con una reverencia exagerada. Cuando la puerta se cierra, Sofía se sube a horcajadas sobre Viktor, con cuidado de no aplastar a Alexei, que ahora juega con los botones de su camisa. —Ahora que estamos solos… castigo completo por celoso. Viktor no lo podía creer, esta mujer lo iba volver loco, a cada instante lo quiere tomar, le quiere hacer, castigar, pero obviamente él no se va a negar, él... él prácticamente siente que vive en el paraíso. Siente como Sofía desabrocha la camisa botón a botón, le besa cada centímetro de piel que aparece, baja hasta el ombligo y más abajo. Viktor gime bajito, la agarra del pelo. —Reina… el niño… —Está ocupado con tus botones. Y esto es rápido... otra vez. Le baja la cremallera, lo saca y se lo mete en la boca despacio, mirándolo a los ojos todo el rato. Lengua, labios, mano en la base… lo vuelve loco en menos de cinco minutos. Cuando él está al borde, temblando, ella se levanta, se quita las bragas bajo la falda y se sienta encima de una sola vez. —Shhh… ni un ruido o despiertas al zar. Empieza a moverse en círculos lentos, apretándolo dentro, mordiéndose el labio para no gemir. Viktor se agarra al respaldo del sofá, con la cabeza echada hacia atrás, gimiendo su nombre en susurros roncos. Logran mantener la voz baja y tratar de venirse casi en silencio, él derramándose dentro con un gruñido ahogado, ella temblando contra su cuello. Después se quedan así, jadeando bajito, con Alexei todavía jugando feliz entre ellos. —Perdonado— susurra Sofía contra su boca. —Gracias, mi reina cruel.— Respondió el sin aliento y el corazón. Se arreglan como pueden, se ríen de lo absurdo que es hacer el amor con un bebé gateando encima. Más tarde, cuando Alexei duerme la siesta, Viktor la arrastra al dormitorio otra vez. —Ahora sí… ronda tres y sin público. La tumba en la cama, le abre las piernas y se dedica a ella con la boca hasta que Sofía se arquea y grita su nombre sin contención. Después, exhaustos y sudorosos, se quedan abrazados bajo las sábanas. —¿Sabes qué aprendí hoy? dice Viktor, voz ronca de placer. —¿Sí, amor, qué? —Que los celos tontos tienen su recompensa. Ella se ríe de buena gana sacudiendo la cabeza y dándole una palmadita en el hombro antes de darle una dulce mordida. —Y que Dimitri nunca va a ser competencia. Porque solo tú me haces gritar así. Él sonríe orgulloso, la pega más. —Y solo tú me haces sentir como un idiota enamorado. Afuera, la lluvia poco a poco se calmaba, amainando y dejando solo un leve repiqueteo en la ventana. Dentro, la familia más peligrosa de Moscú duerme la siesta enredada, el rey destronado perdonado, la reina satisfecha y el pequeño zar soñando con gatear por todo el imperio.






