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Capítulo 43: Sombras de pérdida.

La mansión regresó a un silencio opresivo esa noche después de la huida fallida de Sofía, con Viktor ordenando guardias adicionales en cada puerta y ventana, su frialdad mafiosa endureciéndose como una armadura que ocultaba el miedo que había sentido al perderla por horas.

Sofía yacía en la cama del dormitorio principal, su cuerpo exhausto por el estrés del escape y la captura, el dolor en su vientre persistiendo como un recordatorio cruel de los riesgos que había tomado.

Viktor se paseaba por la habitación como un león enjaulado, su mano frotando la mandíbula mientras Dimitri esperaba afuera con noticias de los chechenos, pero su atención estaba fija en ella, en el vientre que ahora representaba no solo un heredero, sino un lazo que lo aterrorizaba perder.

—No vuelvas a hacer eso, Sofía—, murmuró con voz ronca, arrodillándose al lado de la cama para tocar su mejilla con una posesión que era a partes iguales ternura y control, sus ojos grises brillando con un vulnerabilidad que solo ella veía.

Ella lo miró, recordando lo de su padre mezclado con el miedo por el bebé, y un latido diferente en su pecho que la hacía cuestionar si esta jaula era el precio de algo que empezaba a sentir, aunque no lo admitiera.

Los médicos llegaron poco después, convocados por Viktor en un arranque de paranoia protectora, examinando a Sofía en la privacidad de la habitación con equipo portátil que Dimitri había traído.

El diagnóstico cayó como un martillo: el estrés de la huida había puesto al bebé en riesgo inminente, con calambres y sangrado leve indicando un posible aborto espontáneo si no se controlaba de inmediato.

Sofía sintió un nudo en la garganta, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas mientras su mano se posaba en su vientre, protegiendo esa vida no planeada que ahora parecía tan frágil en medio del caos mafioso.

Viktor palideció, su frialdad rompiéndose por un momento mientras tomaba su mano y la apretaba hasta que sus nudillo se pusieran blancos, besándola con labios temblorosos que revelaban su conflicto interno, el pensamiento de "un hijo con esta mujer imperfecta" aún acechando en las sombras de su mente, pero ahogado por un miedo genuino a la pérdida.

—No te muevas de aquí—, ordenó con voz ronca, pero su toque en su vientre era suave, casi suplicante, mientras los médicos prescribían reposo absoluto y medicamentos para estabilizar el embarazo, dejando la habitación con instrucciones estrictas que Viktor juró hacer cumplir.

Los días siguientes se convirtieron en un encierro total para Sofía, con Viktor cancelando todas sus reuniones para quedarse a su lado, su posesión volviéndose asfixiante mientras ordenaba comidas nutritivas y vigilaba cada movimiento como si ella fuera un tesoro frágil que podía romperse.

Él la tocaba constantemente, sus manos grandes explorando su vientre con reverencia durante las noches, besos descendentes que empezaban sugestivos pero se volvían tiernos ante el riesgo del bebé, su frialdad mafiosa cediendo en momentos vulnerables donde murmuraba promesas de protección que sonaban como confesiones veladas.

Sofía navegaba el grief por su padre en olas que la golpeaban inesperadamente, mezclándose con el miedo por esta nueva vida, pero también con un latido diferente que la hacía responder a sus toques, arqueándose contra él en la intimidad como si su cuerpo traicionara su deseo de libertad.

—Te necesito sana, para nosotros—, susurraba Viktor contra su piel, su voz ronca cargada de un deseo reprimido que se manifestaba en caricias posesivas, pero el estrés persistente la mantenía en vilo, calambres regresando en momentos de tensión que la hacían jadear de dolor.

Una noche, mientras Viktor velaba a su lado con pistola cerca, el dolor se intensificó, un sangrado más fuerte obligándolo a llamar a los médicos de nuevo en pánico, su frialdad rompiéndose por completo mientras la sostenía, lágrimas en sus ojos grises al imaginar la pérdida.

Los médicos intervinieron con inyecciones y monitoreo, estabilizando la situación temporalmente, pero advirtiendo que cualquier estrés adicional podría costarles el bebé. Sofía lloró en sus brazos, el grief por su padre y el miedo por esta vida no planeada abrumándola, pero en ese abrazo encontró un consuelo inesperado, un latido diferente que la hacía aferrarse a él a pesar de todo.

Viktor estaba vulnerable como nunca, besó sus lágrimas y murmuró palabras que sonaban como una confesión.

—No puedo perderte, ni a ti ni a nuestro hijo.

—Viktor... yo...— susurra Sofía sintiendo el peso de la responsabilidad en el hombro de ambos.

—Shh, tranquila, todo saldrá bien—. Alentó Viktor.

su mano en su vientre temblando con una posesión que ahora parecía teñida de algo más profundo, un cambio sutil que Sofía notaba en cómo la miraba, frío cediendo a calidez en momentos privados.

La guerra chechena rugía afuera, con informes de Dimitri confirmando avances contra Anastasia y Volkov gracias a las alianzas con Leonid, pero Viktor perdía poder por priorizarla a ella, cancelando operaciones riesgosas para quedarse en la mansión.

Sofía, confinada al reposo, planeaba en silencio formas de dominarlo más, sugiriendo estrategias desde la cama que él implementaba con aprobación creciente, su poder intelectual convirtiéndose en un arma que lo ataba a ella.

En una noche de calma relativa, el deseo bulló de nuevo, Viktor besándola con urgencia posesiva que se volvía tierna ante su condición, sus manos explorando su cuerpo con reverencia mientras ella lo provocaba con roces sugestivos, montándolo despacio para evitar estrés pero llevándolo al borde con una sonrisa victoriosa que lo hacía gemir su nombre.

—Confiesa que me necesitas—, susurró ella contra su oído, y él lo hizo, los ojos le pican de nuevo, con lágrimas contenidas de placer y emoción rodando mientras admitía.

—Te necesito, Sofía, más que a nada—, un paso en su caída lenta que la hacía sentir poderosa a pesar del encierro.

Sofía se queda durmiendo inquieta, Viktor abrazándola fuertemente. "sin querer" como si su cuerpo traicionara su frialdad, el bebé estabilizándose pero el riesgo latente. La guerra presionaba, pero dentro de ellos, un lazo se forjaba en cicatrices.

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