Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión parecía más una prisión que un refugio en esas noches de invierno interminable, con la nieve acumulándose en los jardines como un velo blanco que ocultaba los peligros acechantes de la guerra chechena.
Sofía había pasado los días siguientes a la confirmación del embarazo navegando un mar de emociones contradictorias, su cuerpo cambiando de formas sutiles que Viktor notaba con una posesión creciente, tocando su vientre durante las noches como si reclamara un territorio nuevo. Él la enclaustraba cada vez más, cancelando salidas y multiplicando guardias bajo el pretexto de seguridad, pero Sofía sentía el peso de esas cadenas, un grief por su padre que se mezclaba con un latido diferente en su pecho, un eco de sentimientos que la impulsaban a actuar. Viktor, frío en los momentos de estrategia mafiosa con Leonid y Dimitri, se rendía a ella en la intimidad, vulnerable ante sus toques que lo desarmaban, pero esa dependencia solo avivaba en Sofía el deseo de una huida real, no solo para probar su poder, sino para respirar libre del caos que amenazaba con consumirlos a todos. Esa noche, mientras Viktor dormía exhausto tras una reunión tensa sobre contraataques contra Anastasia y los chechenos, Sofía se escabulló de la cama con sigilo felino, su mano demorándose un segundo en su vientre como si pidiera perdón al bebé no planeado por lo que estaba a punto de hacer. Había contactado en secreto a un aliado de Leonid días antes, un conductor discreto que le debía un favor al socio guapo y que ahora esperaba en las sombras del jardín con un auto negro y placas falsas, listo para llevarla a un refugio temporal en las afueras de la ciudad. Vestida con ropa oscura y una mochila ligera que contenía solo lo esencial, dinero en efectivo robado de la caja fuerte de Viktor, un teléfono desechable y documentos falsos que había conseguido a través de contactos sutiles, Sofía salió por una ventana lateral que Irina le había dejado entreabierta a cambio de una promesa de silencio. El frío la golpeó como una bofetada, pero ella corrió hacia el auto, el corazón latiendo con una mezcla de adrenalina y culpa, sabiendo que esta huida era real, un acto de rebeldía que pondría a prueba los límites de su control sobre Viktor y el destino que los unía. El conductor aceleró por carreteras secundarias, dejando atrás la mansión que se desvanecía en la oscuridad como un recuerdo opresivo, y Sofía se permitió un momento de alivio mientras el paisaje nevado se desplegaba ante ella, su mente girando hacia planes para el bebé y una vida lejos de pistolas y traiciones. Pero el estrés ya la carcomía, náuseas regresando con fuerza mientras el auto zigzagueaba para evitar patrullas, y ella se preguntaba si esta libertad valdría el riesgo para la vida que crecía dentro. Horas después, llegaron a una cabaña aislada en los bosques, un lugar seguro que Leonid había mencionado en passing durante la reunión, equipado con provisiones básicas y un teléfono para contactar aliados si necesitaba. Sofía se instaló, sola por primera vez en meses, tocando su vientre con ternura mientras el grief por su padre la visitaba en olas, mezclándose con un latido diferente que la hacía extrañar a Viktor a pesar de todo, un sentimiento que no quería admitir pero que la hacía dudar de su huida. Viktor despertó al amanecer con un vacío a su lado que lo golpeó como un puñetazo, su mano extendiéndose instintivamente hacia donde Sofía debería estar, solo para encontrar sábanas frías y una nota sutil que ella había dejado. —Necesito espacio, pero volveré. El pánico lo invadió, frío reemplazado por furia posesiva mientras alertaba a Dimitri y Leonid, ordenando búsquedas exhaustivas por la ciudad y sus alrededores, sus hombres peinando carreteras y contactos con una eficiencia mafiosa que no dejaba piedra sin remover. —Encuéntrenla, traiganla de los pelos si es necesario, gruñó al teléfono, su voz ronca cargada de un miedo que no admitiría, imaginando a su reina y al hijo no planeado expuestos a chechenos o traidores como Anastasia. Horas de rastreo llevaron a pistas, un testigo en una gasolinera, cámaras de seguridad que captaron el auto, y Viktor lideró la caza personally, su pistola enfundada y el corazón latiendo con una mezcla de ira y necesidad que lo impulsaba a recuperarla a cualquier costo. La encontró al atardecer en la cabaña, rodeada de nieve virgen que crujía bajo las botas de sus hombres mientras irrumpían, Dimitri sujetando al conductor traidor que Leonid había delatado involuntariamente. Sofía se levantó de la cama donde descansaba, náuseas golpeándola de nuevo por el estrés acumulado, pero su mirada fue desafiante cuando Viktor entró, su silueta imponente llenando la puerta. —Te encontré, mi reina—, murmuró él con voz ronca, acercándose con pasos firmes para agarrarla por el brazo, tirando de ella con fuerza posesiva que la hizo jadear, arrastrándola hacia el auto mientras ella protestaba, su vientre protestando con un dolor sutil que la alarmó. —No puedes huir de mí, Sofía, no con nuestro hijo dentro—, gruñó, su mano en su cabello tirando lo suficiente para traerla de vuelta, pero sus ojos grises revelando un brillo vulnerable que mezclaba amor no confesado con miedo a perderla. El viaje de regreso fue tenso, con Sofía acurrucada en el asiento trasero, el estrés manifestándose en calambres que la hicieron palidecer, mientras Viktor la vigilaba con una mezcla de furia y preocupación, su mano posándose en su vientre como si pudiera protegerlo de su propia crueldad. Llegaron a la mansión al anochecer, donde él la llevó directamente al dormitorio, encerrándola con guardias dobles y médicos de confianza que la examinaron, confirmando que el bebé estaba en riesgo por el estrés, un posible aborto espontáneo acechando si no descansaba. Viktor se arrodilló a su lado esa noche, vulnerable como nunca, besando su vientre con lágrimas en los ojos mientras murmuraba promesas de cambio, pero Sofía, exhausta y dolida, sentía el grief por su padre y el miedo por el bebé mezclarse con ese latido diferente, un sentimiento que la hacía cuestionar si esta huida había valido la pena o solo había acelerado la caída lenta de su rey. Sofía queda durmiendo inquieta, Viktor velando a su lado con pistola cerca, el estrés del día amenazando con cobrarse una pérdida que cambiaría todo, llevando al arco de caída lenta y confesiones pendientes.






