Mundo ficciónIniciar sesiónLas semanas siguientes a la huida fallida de Sofía transcurrieron en un encierro asfixiante dentro de la mansión, donde Viktor había impuesto una "cuarentena" estricta bajo las órdenes del doctor, prohibiendo cualquier actividad que pudiera aumentar el estrés y poner en riesgo al bebé no planeado.
El reposo absoluto significaba cuarenta días de tranquilidad forzada, con Sofía confinada a la cama la mayor parte del tiempo, médicos visitando regularmente para monitorear su condición, y Viktor vigilando como un guardián posesivo que no permitía ni un paso en falso. Él mismo se había impuesto la abstinencia, durmiendo en una habitación separada para evitar la tentación, aunque en las primeras semanas había cedido un par de veces a los ruegos de Sofía, dejando que ella lo montara despacio y con cuidado, gimiendo bajo en la oscuridad mientras sus cuerpos se unían en un ritmo controlado que los dejaba a ambos insatisfechos pero aliviados. Estaba mal, lo sabían, el doctor había sido claro sobre los riesgos, pero el deseo bullía entre ellos como un fuego que no se apagaba del todo, incluso en medio del grief por su padre y el miedo constante por la vida que crecía en su vientre. Tres semanas habían pasado desde la última vez que se tocaron, y Viktor sentía el peso de la frustración acumulada como un dolor físico que lo torturaba día y noche. Su miembro se endurecía al mero pensamiento de ella, latiendo con una necesidad que le dolía incluso al intentar aliviarse solo, sus intentos de auto delicioso terminando en fracaso y más agonía, obligándolo a dormir separado para no romper la promesa de reposo. La guerra chechena rugía afuera, con contraataques contra Anastasia y Volkov exigiendo su atención, pero en las noches, su mente volvía a Sofía, imaginándola en su cama, vulnerable y deseable, un juguete que ahora llevaba su semilla. Esa noche en particular, después de una reunión tensa con Leonid que había avivado celos enfermizos por el coqueteo sutil del socio, Viktor no pudo resistir más, su cuerpo traicionándolo mientras caminaba por el pasillo oscuro hacia su habitación, el pulso acelerado por un impulso posesivo que no podía contener. Entró sigiloso, la puerta crujiendo apenas en el silencio de la mansión, y se detuvo al pie de la cama para observarla bajo la luz tenue de la luna que se filtraba por las cortinas entreabiertas. Sofía dormía de lado, su respiración calmada y profunda, con solo las bragas puestas para combatir el calor de la calefacción, su cuerpo expuesto en una vulnerabilidad que lo hizo jadear bajo. El vestido de noche había sido descartado en el suelo, dejando su piel suave a la vista, curvas que él conocía de memoria invitándolo sin palabras. Viktor se desvistió despacio, su miembro ya duro y dolorido al liberarse, latiendo con una urgencia que le nublaba el juicio, ignorando las órdenes del doctor por un deseo que lo consumía como veneno dulce. Se metió bajo las sábanas con cuidado, el colchón hundiéndose levemente bajo su peso, y se acomodó detrás de ella, su torso musculoso presionando contra su espalda mientras su mano bajaba por su cadera, rozando la tela de las bragas antes de apartarla con dedos temblorosos. El deseo lo cegaba, su aliento cálido contra su cuello mientras posicionaba su miembro en la entrada siempre oscura, ese lugar prohibido que habían explorado en noches pasadas pero que ahora parecía un pecado mayor en medio del reposo forzado. Entró despacio, un empuje inicial que la llenó con una lentitud torturante, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba alrededor de él en el sueño, húmedo y cálido por el descanso. Sofía murmuró algo ininteligible, su voz somnolienta y confusa al despertar gradualmente, pero el placer la invadió como una ola suave, convirtiendo el murmullo en un gemido bajo que escapó de sus labios entreabiertos. Viktor gruñó ronco contra su oreja, su mano grande rodeando su cintura para mantenerla en lugar, embistiendo con ritmo controlado pero profundo, cada movimiento enviando ondas de placer que la sacaban del sueño poco a poco, su cuerpo respondiendo instintivamente arqueándose contra él. Sofía abrió los ojos a medias, gimiendo de placer con voz de sueño mientras el deseo la envolvía por completo, su mente nublada por el reposo interrumpido pero su cuerpo traicionándola con jadeos que se volvían más altos. —Viktor... qué estás... oh, Dios, no pares, se siente tan... mhmm. Tarareó un susurró somnolienta, su voz ronca y entrecortada mientras se movía ligeramente para acomodarlo más profundo, el placer despertándola del todo pero dejando un velo de sueño que hacía todo más intenso, como si estuviera flotando en un sueño erótico hecho realidad. Viktor jadeó, su aliento caliente contra su cuello mientras aceleraba un poco, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo que la hacía gemir más fuerte. —Te necesito tanto, Sofía, no aguantaba más, tu cuerpo me vuelve loco, no podía dormir sin sentirte así, apretada y mía. confesó él con voz grave y temblorosa, su mano subiendo para acariciar su pecho, pellizcando suavemente para arrancarle más gemidos. —Dime que lo quieres, dime que me dejas romperte así, aunque esté mal. Ella arqueó la espalda, presionando contra él mientras el placer la hacía temblar. —Sí, Viktor, lo quiero, se siente tan prohibido y delicioso, pero despacio, el bebé... oh, pero no pares, me estás haciendo mojar tanto—. Respondió ella con voz somnolienta pero cargada de deseo, sus palabras saliendo en jadeos largos mientras giraba la cabeza para besarlo torpemente, sus labios encontrándose en un beso desordenado que profundizaba el momento. Viktor gruñó de placer, su mano bajando para rozar su centro y amplificar las sensaciones, círculos lentos que la llevaban al borde mientras embestía más profundo, —Eres mía, Sofía, siempre mía, este lugar oscuro es solo para mí, te rompo porque no puedo vivir sin ti, sin sentirte así, gimiendo mi nombre como si fueras mi reina traviesa,— murmuró él contra su boca, alivio y culpa rodando por su cabeza al finalmente liberarse después de semanas de agonía, explotando dentro de ella con un gruñido gutural que la llenó por completo, su cuerpo temblando mientras ella llegaba al clímax segundos después, gimiendo su nombre en un susurro somnoliento que sellaba el momento prohibido. —Viktor, sí, así, me estás matando de placer, no pares nunca, eres mi rey posesivo y lo amo. Exhaustos, se quedaron entrelazados bajo las sábanas, Viktor abrazándola posesivo mientras el remordimiento lo golpeaba, su mano en su vientre como si pidiera perdón al bebé por el riesgo. Sofía, aún medio dormida, sintió un calambre sutil regresar, el estrés del placer inesperado acechando como una sombra, pero el latido diferente en su pecho la hizo acurrucarse contra él, cuestionando si esta conexión valía el peligro. —Viktor, estuvo mal pero tan... inevitable, prométeme que cuidaremos al bebé, no quiero perderlo por esto—, susurró ella con voz suave, besando su hombro mientras él respondía con un beso en su frente. —Lo prometo, Sofía, eres todo para mí, no volveré a dormir separado, pero seré cuidadoso, te necesito demasiado para perderte. La guerra continuaba afuera, pero dentro, su deseo prohibido había encendido un fuego que amenazaba con consumirlos, el estrés del momento acechando como una amenaza latente para el bebé. La mañana trajo consecuencias, con Sofía despertando con náuseas más fuertes y Viktor llamando al doctor en pánico, su frialdad rompiéndose mientras la sostenía. —Sofía, perdóname, fui un idiota anoche, pero no podía más, te deseo tanto que duele, dime que el bebé está bien—, suplicó él, su voz ronca cargada de culpa mientras el médico examinaba y advertía que el estrés adicional podría costarles todo. Sofía lo miró, lágrimas en los ojos, —Fue rico, Viktor, pero peligroso, tenemos que parar hasta que sea seguro, por nuestro hijo, pero... te necesito también, no me dejes sola—, respondió ella, abrazándolo mientras el latido diferente en su pecho se hacía más fuerte, un sentimiento que no quería admitir pero que los unía en esta caída lenta.






