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Capítulo 213: El bello durmiente de Olga.

El cuerpo del guardia apenas se hundió en el sofá cuando el silencio volvió a caer sobre ellas, pero ya no era el mismo de antes, ahora tenía peso, tenía forma, tenía una explicación a medias que lo hacía aún más inquietante, y tanto Sofía como Olga se quedaron mirándolo unos segundos como si esperaran que en cualquier momento abriera los ojos por sí solo, como si todo pudiera resolverse con algo tan simple.

Pero... nada, no pasó, ni un movimiento hizo, ni un cambio en la respiración, estaba absoluta y completamente quieto.

—No es normal…— murmuró Olga, acercándose un poco más, inclinándose sobre él con el ceño fruncido, observando su rostro con atención, buscando señales, cualquier cosa que le diera una pista.

Sofía se quedó a su lado, una mano apoyada en el respaldo del sofá, la otra aún sobre su vientre casi sin darse cuenta, su mirada recorriendo al guardia de arriba abajo, como si en algún punto fuera a encontrar la respuesta escrita en su piel.

—Respira bien…— dijo en voz baja. —No parece herido…

—No lo está— respondió Olga de inmediato, pasando su mano por el cuello del joven otra vez, comprobando el pulso con más firmeza. —El pulso está estable… lento, pero estable… esto no es un golpe… no es desmayo normal…

Sofía tragó saliva. —Entonces… ¿qué es?

Olga no respondió de inmediato, porque realmente no tenía una respuesta clara, no era profesional en ese ámbito, pero tenía una sospecha, y no le gustaba para nada.

—Algo le dieron…— dijo finalmente, alzando la mirada hacia ella. —Algo fuerte… demasiado fuerte…

El aire pareció volverse más pesado.

—¿Un somnífero?— preguntó Sofía, con esa mezcla de esperanza y miedo, como si quisiera que fuera algo simple.

Olga negó levemente.

—Si fuera algo normal ya habría reaccionado… esto… esto es otra cosa…

Sin esperar más, tomó el rostro del guardia con ambas manos y le dio un par de palmadas suaves primero, luego más firmes.

—¡Hey!— insistió. —¡Despierta!

Nada, el cuerpo seguía inerte, primer intento fallido.

Sofía se inclinó un poco más, sintiendo cómo la ansiedad empezaba a subirle otra vez por el pecho.

—¿Y si…?— dudó un segundo, pero igual lo hizo, acercándose para sacudirle el brazo. —¿Me escucha?… ¡Despierta!

Tampoco... ni un gesto, ni una reacción mínima, y el miedo empezó a instalarse de otra forma más oscura, urgente y con desesperación.

—No puede quedarse así…— murmuró Sofía, ahora sí con la voz temblando un poco más. —¿Y los demás?… ¿Y si todos están igual?

Esa idea cayó como un balde de amandíbula Olga apretó la mandíbula, no podían pensar en eso ahora. Tenían uno aquí, y tenían que despertarlo.

—Agua— dijo de pronto, levantándose de golpe. —Espérame.

No tardó ni unos segundos en desaparecer hacia la cocina y volver con un vaso lleno, acercándose de nuevo al sofá, inclinándose sobre el guardia y salpicándole el rostro sin cuidado.

El agua corrió por su frente, por sus mejillas, empapando parte de su cabello.

Nada.

Sofía sintió cómo el estómago se le encogía.

—Otra vez— dijo, más firme ahora.

Olga no dudó, trajo más agua y la lanzó con más fuerza.

—¡Despierta!— insistió, dándole ahora una bofetada ligera, pero lo suficientemente fuerte como para que en condiciones normales cualquier persona reaccionara.

Nada.

El sonido seco del golpe se perdió en la habitación, y él… seguía igual de dormido, Sofía retrocedió apenas un paso, raro... demasiado raro, eso ya no era nada normal, no lo era, no era algo común que se pueda despertar con agüita y palmaditas en las nalgas.

—Dios…— susurró, pasando una mano por su rostro, tratando de mantenerse centrada. —¿Qué le hizo esa mujer…?

Olga no respondió, pero su mente ya estaba trabajando más rápido, buscando opciones, recordando cualquier cosa que pudiera servir, cualquier método, cualquier reacción posible.

De pronto se giró otra vez. —Alcohol.

Sofía la miró. —¿Alcohol?

—Sí— respondió ya moviéndose. —Si es algo fuerte… esto puede ayudar…

Volvió en segundos con una botella pequeña, sin perder tiempo, destapándola mientras se inclinaba otra vez sobre el guardia, empapando sus dedos y pasándolos por el cuello del joven, por las sienes, por debajo de la nariz, buscando provocar alguna reacción, cualquier estímulo.

—Vamos…— murmuró entre dientes. —Reacciona…

Abrió uno de sus párpados con cuidado.

La pupila respondió, temblando apenas hacia arriba, rebotando de vez en cuando, pero él por completo no.

—Está ahí…— dijo Olga, más para sí misma que para Sofía. —No está perdido… solo… atrapado…

Sofía sintió un escalofrío, esa palabra no le gustó nada.

Atrapado.

Como si algo lo tuviera retenido, como si no pudiera salir de su propia mente, de algún mundo onírico en el que la señora lo haya dejado así.

—Intenta otra cosa…— pidió, ahora con urgencia contenida.

Olga apretó los labios, ya había probado lo básico, agua, golpes, alcohol, y nada que surgió algo.

Su mirada se quedó fija en el rostro del guardia un segundo más largo de lo normal, como si estuviera buscando algo más allá de lo físico, como si intentara conectar con algo que no estaba respondiendo.

Y entonces, sin pensarlo demasiado… Actuó, se inclinó más cerca, mucho más.

Sofía la miró confundida por un segundo, sin entender qué estaba haciendo, hasta que vio el gesto, el movimiento decidido, casi impulsivo.

Y Olga… le dio un beso en la frente, no fue suave ni delicado, fue firme, intenso, casi brusco.

Como si quisiera atravesar la piel, como si quisiera sacudir algo más profundo que el cuerpo, como si ese contacto fuera un llamado directo a su conciencia.

—Vuelve…— murmuró casi pegada a él, su voz baja, pero cargada de intención. —Ya es suficiente…

Luego, con otro impulso, bajó a sus labios, restregando los suyos con todo y dientes, Sofía ni siquiera sabía qué hacer, qué decir o qué pensar, solo queriendo que el guardia despierte como sea, Sofía ni siquiera se atrevió a moverse.

Porque no sabía si eso iba a funcionar… o si simplemente estaban perdiendo el tiempo.

Pasaban los segundos, dos, tres, y... entonces... un sonido, casi mínimo, casi inexistente, pero ahí estaba, ahí se escuchó el murmullo ininteligible, tembloroso.

El cuerpo del guardia reaccionó apenas, un leve movimiento en los labios, un cambio casi imperceptible en la respiración.

Sofía abrió los ojos más.

—¡Olga…!— susurró, con un hilo de esperanza cruzándole la voz.

Olga ya estaba encima de él otra vez.

—Eso es… eso es…— murmuró, volviendo a darle un par de palmadas suaves en el rostro. —Vamos… vuelve…

Otro murmullo, esta vez más claro, aún incomprensible, pero presente, su cabeza se movió apenas hacia un lado.

Y eso… fue suficiente.

—Está despertando…— dijo Sofía, ahora sí sin poder ocultar la emoción mezclada con el miedo. —Está despertando…

Pero ninguna de las dos se relajó. Porque si estaba despertando… entonces también iba a hablar, y lo que fuera que dijera… podía cambiarlo todo.

El leve murmullo fue creciendo poco a poco hasta tomar forma, primero como un sonido arrastrado, torpe, luego como una respiración más pesada, más consciente, y finalmente en un intento real de volver, de salir de ese estado extraño en el que había estado atrapado sin poder moverse, sin poder reaccionar.

Sus párpados temblaron levemente, una y luego otra vez, tomándose su tiempo.

Hasta que, con esfuerzo evidente, logró abrirlos apenas, dejando ver una mirada perdida, desenfocada, como si no terminara de entender dónde estaba ni qué estaba pasando, como si la realidad le estuviera llegando tarde, en fragmentos.

Olga no se apartó ni un centímetro, estuvo pendiente de cada movimiento, cada reacción y cada tensión muscular de su rostro.

—Eso es…— murmuró, bajito pero firme, observándolo con atención, como si temiera que en cualquier momento volviera a caer. —Tranquilo… ya estás aquí…

Sofía también se inclinó un poco más, conteniendo la respiración, como si cualquier movimiento brusco pudiera arruinar ese momento, ese pequeño avance que tanto les había costado.

El guardia parpadeó varias veces, intentando enfocar la vista borrosa, primero vio luces difusas, sombras, luego rostros, dos rostros cercanos, femeninos, y demasiado cerca de él.

Frunció levemente el ceño, confundido, y sus labios se movieron antes de que su mente pudiera ordenar del todo lo que quería decir.

—Yo…— su voz salió ronca, seca, como si llevara horas sin usarla. —Yo estaba…

Se detuvo, tragó saliva un poco para poder aclararse. Y entonces hizo algo que ninguna de las dos esperaba.

Sus ojos se fijaron directamente en el rostro de Olga, en sus labios, que estaban ligeramente enrojecidos, y un poco hinchados, eso hizo que la expresión del guardia cambiara.

Confusión primero y luego… algo parecido a incredulidad.

—Soñé…— murmuró, todavía con la voz débil, pero ahora con un matiz distinto. —Soñé que… alguien me estaba besando…

El silencio cayó de golpe.

Sofía abrió los ojos apenas más, mirando de reojo a Olga, como si intentara confirmar si había escuchado bien.

Y Olga… Se quedó completamente quieta un segundo, uno solo, pero suficiente para que ese comentario se asentara.

El guardia, aún medio perdido, pasó la lengua por sus labios sin darse cuenta, como si intentara ubicarse mejor, y frunció el ceño otra vez al notar la sensación distinta.

—Y…— continuó, tocándose apenas la boca con los dedos. —Mis labios…

Los sentía raros, calientes, sensibles, que no encajaba en el momento, nada encajaba, y su mirada regresó a Olga.

Y esta vez… la conexión fue demasiado obvia como para ignorarla.

Sofía no pudo evitarlo.

La mirada que le lanzó a Olga fue inmediata, cargada de esa mezcla de sorpresa, tensión… y un leve toque de incredulidad que casi pedía explicación sin decir una palabra.

Pero Olga no se justificó, tampoco lo negó o lo explicó, porque no había tiempo para eso.

Porque lo importante no era eso.

Y porque, en el fondo… había funcionado.

En lugar de incomodarse, lo único que hizo fue soltar el aire lentamente, como si recién en ese momento permitiera que el alivio entrara, una pequeña sonrisa formándose en sus labios al verlo consciente, al verlo reaccionando, al verlo… vivo.

—Bienvenido de vuelta— dijo con una suavidad que no rompía la firmeza de su tono. —Te estabas tardando.

El guardia parpadeó otra vez, tratando de procesar todo al mismo tiempo, el lugar, las caras, las sensaciones, el recuerdo borroso de algo que no terminaba de encajar.

—¿Qué… pasó…?— preguntó finalmente, llevándose una mano a la frente, como si le pesara.

Y ahí… el alivio se rompió.

Porque la realidad volvió de golpe.

Sofía fue la primera en reaccionar, enderezándose un poco, su expresión cambiando, la tensión regresando a su rostro como si nunca se hubiera ido del todo.

—Eso mismo queremos saber— dijo, ahora con una seriedad clara en la voz. —¿Qué pasó afuera? ¿Dónde están los demás?

El guardia intentó incorporarse, pero Olga lo detuvo con una mano firme en el pecho.

—Despacio— advirtió. —Aún no estás bien.

Pero él ya estaba intentando recordar.

Su respiración cambió.

Sus ojos se movieron de un lado a otro, como si buscara en su mente algo que no quería aparecer, como si las piezas estuvieran desordenadas, incompletas.

—Yo estaba… en mi posición…— empezó, lento, esforzándose por reconstruirlo. —Todo estaba normal… los demás estaban en sus puntos… no había nada raro…

Su voz empezó a tensarse.

Porque algo no encajaba.

—Entonces…— frunció el ceño con más fuerza. —Entonces vi a alguien…

Sofía y Olga intercambiaron una mirada rápida.

—¿Quién?— preguntó Olga, sin perder tiempo.

El guardia tragó saliva.

—Una mujer…— respondió, y solo decirlo hizo que algo en el ambiente cambiara de inmediato. —Caminaba despacio… como si estuviera perdida… como si no supiera dónde estaba…

Sofía sintió cómo el pulso le golpeaba más fuerte.

—Krasnova…— susurró, casi sin voz.

El guardia negó levemente.

—No…— dijo, confundido. —No parecía… peligrosa… solo… una señora… vieja…

Olga apretó la mandíbula.

—¿Y la dejaste acercarse?

—No…— respondió de inmediato, aunque dudó. —Le pedí que se detuviera… que no avanzara… que este lugar era privado… que no podía estar aquí…

Su respiración se volvió un poco más agitada.

—Pero ella…— continuó, ahora con un dejo de inquietud en la voz. —Ella solo sonrió… como si no le importara… como si ya supiera todo…

Un escalofrío recorrió a Sofía.

—¿Qué hizo?— insistió, más bajo.

El guardia cerró los ojos un segundo, intentando forzar el recuerdo.

—Se acercó un poco más…— dijo. —Muy poco… lo suficiente para que pudiera verla bien… y entonces…

Se detuvo. Su cuerpo se tensó. —Entonces… ya no recuerdo nada más.

El silencio cayó otra vez. Pero ahora… con sentido. Olga lo miró fijo.

—¿Nada?— presionó. —¿No habló? ¿No hizo nada?

Él negó lentamente.

—Solo… su mirada…— murmuró. —Fue lo último…

Sofía sintió cómo un frío distinto le recorría la espalda. No era el de afuera. Era interno.

—No te golpeó…— dijo, más para confirmar que otra cosa. —No te inyectó nada…

—No…— respondió él, aún confundido. —Nada…

Olga retrocedió apenas un paso.

Y por primera vez desde que lo habían encontrado… algo en su expresión cambió de verdad. Porque ahora lo entendía. O al menos… empezaba a entenderlo.

—No fue físico…— dijo en voz baja. —No fue algo que le haya dado… fue…

No terminó la frase, pero no hacía falta.

Sofía sí lo hizo.

—Fue ella— dijo, firme, sin duda. —Solo… ella.

El guardia las miró a ambas, aún intentando ponerse al día con todo, con lo que había pasado, con lo que significaba, con lo que implicaba.

Y entonces hizo la pregunta que ninguno quería escuchar.

—¿Entró…?

El silencio que siguió fue suficiente respuesta.

Sofía no apartó la mirada.

—Sí.

Y esa sola palabra… fue mucho más pesada que cualquier golpe.

El guardia frunció el ceño con dificultad, como si pensar le pesara más que el propio cuerpo. Se llevó una mano a la sien, apretando los dedos contra la piel, intentando ordenar recuerdos que se le escurrían como agua entre las manos.

—Había… algo…— murmuró, la voz todavía pastosa, lenta. —No fue un golpe… no escuché nada… no vi a nadie acercarse directamente…

Olga y Sofía intercambiaron una mirada rápida.

—Entonces, ¿qué fue?— preguntó Sofía, inclinándose un poco más, la preocupación marcándole cada rasgo del rostro.

El guardia cerró los ojos un instante, respirando profundo, como si intentara volver a ese momento exacto.

—Un olor…— dijo finalmente. —Sí… eso fue… un olor extraño…

Olga se tensó apenas.

—¿Perfume?— preguntó, más rápido de lo que pretendía.

Él asintió lentamente.

—Fuerte… pero no desagradable… era… raro… como dulce… pero también pesado… no sé explicarlo… nunca lo había olido antes…— tragó saliva. —Me distrajo un segundo… pensé que alguien había pasado cerca… y luego… nada…

Sofía frunció el ceño.

—Yo no olí nada cuando abrí la puerta…

Olga giró la cabeza hacia ella, pensativa, y luego volvió al guardia.

—Puede ser de acción rápida— dijo, más segura ahora, hilando ideas. —Un tipo de agente que se dispersa en segundos… entra por la nariz… o incluso por la piel… no necesita mucho tiempo…

El guardia la miró con cierta sorpresa, evaluándola de arriba abajo, como si de pronto la estuviera viendo con otros ojos.

—Sabes de esto…— murmuró, casi impresionado.

Olga se encogió ligeramente de hombros, aunque en su mirada había firmeza.

—No exactamente… pero sé reconocer cuando algo no es normal… y esto definitivamente no lo es.

Sofía intervino, todavía procesando.

—Pero si fue un olor… ¿por qué a mí no me afectó?

Olga ladeó la cabeza, pensándolo.

—Tal vez fue cuestión de segundos…— respondió. —O dirección del viento… o simplemente…— la miró de reojo, con una leve media sonrisa —respiraste por la boca sin darte cuenta.

Sofía parpadeó, confundida.

—¿Respirar por la boca me salvó?

—A veces lo más simple es lo que te mantiene viva— soltó Olga, con una naturalidad que no encajaba del todo con la situación… pero que, curiosamente, tranquilizaba un poco.

El guardia dejó escapar una pequeña risa ronca, todavía débil.

—Entonces… tuve mala suerte…

—O muy buena— corrigió Olga sin pensarlo. —Sigues vivo.

Él la miró de nuevo… y esta vez no apartó la vista tan rápido.

Había algo en su expresión… algo distinto. Ya no era solo confusión o recuperación… era otra cosa. Curiosidad. Interés.

Y sí… un poquito de esa chispa peligrosa que aparece en los peores momentos. Sus ojos bajaron apenas… deteniéndose un segundo en los labios de Olga.

Aún estaban ligeramente enrojecidos. Hinchaditos... Como los de él.

El silencio que siguió fue corto… pero cargado.

—Entonces…— dijo él, con voz más baja, casi probando terreno —no lo soñé del todo…

Olga parpadeó. —¿Qué cosa?

Él ladeó apenas la cabeza, sin dejar de mirarla.

—Lo del beso.

Sofía abrió los ojos como platos.

—¿QUÉ?— Olga sintió el calor subirle al rostro en tiempo récord.

—¡ESO NO FUE ASÍ!— soltó de inmediato, levantando una mano como si pudiera borrar la escena del universo. —Fue… fue un intento médico, ¿sí? ¡Técnica de emergencia!

El guardia arqueó una ceja, divertido… demasiado divertido para alguien que hace unos minutos estaba inconsciente.

—Claro…— murmuró. —Muy… profesional.

Sofía se llevó una mano a la boca, intentando no reírse en medio del caos.

—Olga… técnica de emergencia… wow…

—¡Cállate!— le lanzó Olga, dándole un leve empujón con el hombro, completamente roja. —¡Se estaba muriendo!

—No me estaba muriendo— corrigió el guardia, aunque con una sonrisa que decía todo lo contrario a seriedad.

—¡P-Pero parecía!— insistió ella.

Él soltó una risa baja… y luego, más despacio, más sincero:

—Gracias… de verdad.

Eso la desarmó un poco.

Olga bajó la mirada apenas, carraspeando.

—Sí… bueno… no te acostumbres.

Pero el momento… ese pequeño momento casi absurdo en medio del peligro… se rompió rápido.

Porque la realidad volvió como un golpe seco.

El guardia miró alrededor, más alerta ahora.

—Los demás…— dijo, incorporándose un poco más. —No fui el único… ¿verdad?

Olga negó.

—No hemos encontrado a nadie más todavía.

Sofía apretó los labios.

—Y eso es lo peor.

El silencio volvió… pero esta vez no era incómodo.

Era pesado. Peligroso. El guardia apretó la mandíbula.

—Entonces esto fue coordinado…— murmuró. —Nos durmieron a todos… uno por uno… sin hacer ruido…

Olga asintió. —Y alguien entró.

Sofía tragó saliva. —Ya entró.

Los tres se quedaron quietos un segundo. Porque ahora ya no era teoría. Era un hecho.

El viento frío volvió a soplar entre los árboles, moviendo ligeramente la nieve del suelo… como si nada hubiera pasado…

Pero todo había cambiado. Y muy en el fondo… los tres lo sabían. Esto… apenas estaba empezando.

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