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Capítulo 207: Todo se desmorona.

Las puertas de la mansión se abrieron del todo con un crujido lento y pesado, como si la casa misma estuviera respirando antes de tragárselos.

Viktor fue el primero en cruzar el umbral, sin vacilar, con el arma baja pero lista, los sentidos alerta a cada sombra, a cada ruido, a cada cambio en el aire. Dimitri y Carl lo flanquearon, cubriendo los ángulos ciegos, los pasos silenciosos sobre el suelo de mármol negro que reflejaba las luces tenues del interior.

El vestíbulo era amplio, frío, casi teatral.

Altas columnas, cuadros oscuros en las paredes, una escalera curva que subía hacia la penumbra del segundo piso. No había guardias visibles.

No había movimiento. Solo ese silencio artificial que gritaba peligro.

Viktor levantó una mano, deteniéndolos.

—Quédense atrás— murmuró.

Dio dos pasos más.

Y entonces todo cambió.

Desde las sombras de las columnas laterales surgieron cuatro guardias, armados con pistolas silenciadas y movimientos precisos, no hubo gritos ni dieron advertencia, simplemente, abrieron fuego.

El primer disparo pasó rozando el hombro de Viktor. Él se lanzó hacia un lado, rodando detrás de una columna mientras respondía con dos tiros rápidos y certeros. Uno de los guardias cayó con un impacto sordo en el pecho.

Dimitri ya estaba en movimiento, disparando desde la cadera mientras se cubría detrás de un jarrón enorme. Un guardia intentó flanquearlo por la derecha; Dimitri lo derribó con un tiro en la pierna y otro en la cabeza antes de que tocara el suelo.

Carl, menos experimentado pero impulsado por la rabia y el miedo por su familia, se lanzó hacia la escalera, disparando mientras corría. Una bala le rozó el brazo, dejando un corte ardiente, pero no se detuvo. Derribó a un guardia que intentaba subir por el otro lado, el cuerpo rodando escaleras abajo con un golpe seco.

El tiroteo era controlado, silencioso gracias a los silenciadores, pero letal. Cada disparo resonaba como un trueno en sus oídos.

Viktor se asomó desde su columna, vio a otro guardia apuntando a Carl y disparó sin pensarlo.

La bala impactó en el hombro del hombre, haciéndolo girar. Carl remató con un tiro preciso en la cabeza.

Dimitri gritó desde su posición:

—¡Dos más arriba! ¡Están bajando!

Viktor miró hacia la escalera.

Dos figuras oscuras descendían con rapidez, armas en alto.

—Carl, cúbreme la izquierda— ordenó Viktor.

Carl se movió sin dudar, disparando hacia la baranda mientras Viktor avanzaba cubierto por Dimitri.

El intercambio de disparos se volvió más intenso.

Una bala pasó tan cerca de la cabeza de Viktor que sintió el calor. Respondió con tres tiros seguidos, derribando a uno de los guardias que bajaban.

Dimitri se levantó de su cobertura y corrió hacia la escalera, disparando mientras subía los primeros peldaños. Un guardia le disparó desde arriba; Dimitri recibió el impacto en el chaleco antibalas, el golpe lo hizo retroceder un paso, pero no cayó. Respondió con dos tiros que hicieron que el hombre se desplomara hacia atrás.

Carl cubría la retaguardia, girando cada pocos segundos para asegurarse de que nadie se acercara por detrás.

Viktor llegó al pie de la escalera, miró hacia arriba y vio movimiento en el pasillo del segundo piso.

—Está arriba— dijo con voz baja pero mortal. —Krasnova o quien sea que esté fingiendo ser ella. Vamos.

Los tres subieron juntos, cubriéndose mutuamente, pasos rápidos pero controlados, armas listas.

El pasillo del segundo piso estaba en penumbra.

Solo unas cuantas luces tenues encendidas, creando sombras largas y traicioneras.

Viktor levantó la mano, deteniéndose, el trío escuchó el leve crujido, unos suaves pasos que se detuvieron en instantes, entonces volvió hacer la señal de continuar y los tres siguieron adelante hasta que se toparon con una puerta de madera con olor a barniz recién echado.

Carl, que ya estaba con los pelos de punta y los nervios a flor de piel, habló primero.

—Y... ¿Entramos los tres?— logró murmurar en voz baja con el pulso acelerado.

—Shh, calma... yo les diré en que momento.— dice Viktor llevando la mano lentamente al pomo de la puerta con lentitud.

—A la una...

a las dos...

y a las...

—Tres.—Dijo Dimitri finalmente.

Viktor abre la puerta de golpe, los tres se acomodan con las armas en mano apuntando a cada lado.

La oficina estaba apenas tenuemente iluminada, y... ven que no había nada, solamente la la silla que cruje lentamente al girarse para encarar quien estaba detrás.

Viktor entrecierra los ojos mientras descubre quien estaba sentado en la silla de Krasnova.

Mientras todo eso sucedía, al otro lado, en Nueva York, en aquella caballa de Catskills, Sofía estaba sola en la sala, viendo el brazalete que Viktor le había regalado aquella vez, ese brazalete que tenía patrones y un dije de dragón, lo extrañaba, extrañaba mucho a Viktor.

Se culpa así misma porque el embarazo la tiene débil, porque recuerda antes como ella acompañaba a Viktor a cualquier lugar, situación, trabajo, y si estaba terminado los negocios de RUBCOL, que inicialmente fueron ideas suyas, ella debió haber ido con él sin importar como se hubiera sentido.

De repente, un toque en la puerta la saca de su ensoñación, viendo la hora, y ver que todos estaban ya dormidos, no pensó que algún guardia fuera a llegar en estos momentos, pero seguramente era algo importante, se levanta con cuidado, con un libro que tenía en la mano y que Elena le había prestado para leer.

Se acerca a la puerta y la abre lentamente.

—¿Diga?

...

—Yuri...— Viktor responde al reconocer al guardia favorito de Krasnova sentado en su silla de cuero.

El enorme hombre sonríe ampliamente, sus dientes blancos y perfectos casi una sonrisa depredadora y filosa.

—El pequeño mafioso que se cree que es mafios.— reverbera con una voz profunda.

Viktor aprieta la mandíbula, las palabras se le clavan como una espina fastidiosa que le hace pensar en el pasado.

—¿Qué carajos haces ahí? Dime en dónde está Krasnova.

Dimitri siente un escalofrío recorrer su espalda, mientras que a Carl parecía que se le fuera a salir el corazón, ha llegado demasiado lejos hasta ahora, y estar frente a un mafioso de ese calibre era... una cosa que no podía describir, de que sus siguientes palabras no son las de esperar.

—Krasnova...— suspira con dramatismo. —Ella no está en estos momentos, fue a hacer unos recados.— menciona Yuri con voz serena desprovista de emoción.

Viktor aprieta más el arma en sus manos.

—Dime en donde carajos está antes de que te dispare en el p*to cerebro y volarte los sesos.

Yuri levanta las manos apacibles.

—Tranquilo, solo fue de paseo, fue a visitar a una amiga, que creo yo que a esta hora ya debe estar allá, dijo que se situaba en Nueva York. En CatsKills. Una cabaña. A las afueras.

Levanta la mirada oscura hacia Viktor. Y ahí... los tres sintieron algo, todo su cuerpo se inclina hacia un solo eje, Dimitri sintió el escalofrío convirtiéndose en sudor helado, y a Carl finalmente se le salió el corazón por la boca, mientras que Viktor quedó completamente paralizado, no se podía mover, y el temblor lo recorrió.

—Hola, mijita, disculpa, es que me he perdido.

Dice una anciana al otro lado de la puerta, abriendo más sus ojos azules para ver bien el rostro de Sofía.

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