Mundo ficciónIniciar sesión—¡MENTIROSO!
La palabra retumbó como un disparo seco en la oficina, resonando contra las paredes oscuras y el mobiliario de madera maciza. Viktor la gritó con toda la fuerza contenida de años de ira y frustración, golpeando el aire con una intensidad que parecía querer quebrar todo a su alrededor. Sus ojos brillaban con rabia contenida, pero también con un miedo sordo, un miedo que él mismo se negaba a admitir: el miedo de que todo lo que había construido pudiera venirse abajo en un instante, aquí, en este momento, frente a un hombre que conocía demasiado de su pasado. Dimitri y Carl se sobresaltaron ligeramente ante la emoción, la angustia y el rostro de pánico de Viktor, pero no dijeron nada, estaban concentrados en el momento, atentos a cualquier movimiento. Yuri, sentado frente a él, apenas se inmutó. Su sonrisa era fría, casi glacial, pero cargada de una satisfacción oscura que incomodaba hasta al más imperturbable. Hizo un leve gesto con la mano, invitando a Viktor a calmarse, mientras hablaba con voz baja, arrastrando cada palabra como un veneno que se filtraba lentamente en la mente de Viktor. —Viktor, por favor… siempre fuiste un mafioso de fiestas, de negocios fáciles, de mujeres que solo te daban placer por una noche, de clubs y diversión barata. Y mírate ahora…— su tono se volvió casi un susurro burlón —tu vida se redujo a una mujer latina… embarazada… sin gracia… sin cuerpo… una pobre con panza y sin atractivo… una mendiga, un paso bajo todo lo que alguna vez tuviste. Viktor tragó saliva, y el golpe psicológico lo atravesó como un cuchillo helado. Recordó cada burla, cada juego, cada momento en que Sofía fue humillada delante de Anastasia y otros, cada vez que él mismo se había dejado llevar por su arrogancia y había ignorado la vulnerabilidad de quienes amaba. La rabia creció en su pecho, mezclada con culpa, con la sensación de que estaba a merced de alguien que conocía todos sus puntos débiles. Su pecho sube y baja con respiraciones rápidas y aceleradas, pero la mirada la mantenía fijamente en Yuri, y con la mano apretando más fuerte el mango del arma. Yuri continuó, inclinándose ligeramente hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa, los dedos entrelazados, como si estuviera esperando el colapso de Viktor. —Anastasia y tú… debieron quedarse juntos. No debiste matarla…—l a voz de Yuri se quebró apenas, cargada de un dolor fingido —mi Anastasia. Viktor sintió que su mundo se comprimía, que la respiración se le volvía difícil. La sala parecía reducirse a un espacio donde solo existían él y Yuri, donde cada sombra se burlaba de él y cada eco le recordaba su fracaso. Su mano apretó el arma todavía con más fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos, pero sus pensamientos se enredaban en recuerdos de fiestas, de mujeres, de humillaciones y de las veces que había fallado en proteger a los suyos. —¡Dime dónde está! No quiero más juegos, no quiero más excusas, no quiero que me digas que está en CatsKills… ¡eso es imposible! Esa cabaña… nadie podía encontrarla, nadie…— sus dientes rechinaron mientras cada palabra era un golpe contra la mesa, contra Yuri, contra sí mismo. Yuri lo miró con una calma que parecía casi burlona, reclinándose levemente en la silla mientras apoyaba los codos sobre la mesa, entrelazando los dedos. La sonrisa apenas perceptible que apareció en sus labios era como una daga invisible: silenciosa, mortal, provocadora. —Imposible…— repitió Yuri, con voz baja y pausada, dejando que cada sílaba calara como un veneno. —Eso dices tú, Viktor. Imposible para ti, imposible para quienes creen que el mundo funciona según reglas que ustedes mismos inventaron. Pero… no siempre es así. Viktor se quedó congelado un instante, porque incluso el simple tono de Yuri lo hizo retroceder. No era la amenaza de un arma, no Yuri por completo, ni algún guardia oculto si es que había: era la certeza de que Yuri sabía cosas que él no había considerado, cosas que lo hacían sentir vulnerable, débil, como si todos esos años de poder y confianza se desmoronaran en segundos. —¡Basta!— exigió Viktor, la voz quebrándose un poco de furia. —No me hables con enigmas. Dime la verdad, Yuri. ¿Dónde está?— sus ojos se clavaron en los del hombre frente a él, buscando cualquier señal de mentira, cualquier indicio de engaño. Yuri dejó escapar una risa baja, apenas un suspiro que resonó en la oficina silenciosa. —La verdad…— comenzó, inclinándose un poco hacia adelante, como si quisiera acercarse solo un instante a la mente de Viktor —…la verdad, Viktor, es que no tienes idea de cuán fácil puede ser encontrar lo que crees imposible. Viktor apretó los labios, y un escalofrío le recorrió la espalda. Yuri continuó, con esa calma letal, evocando recuerdos que pesaban como piedras en el pecho de Viktor: sus fiestas, los clubes, las mujeres que pasaron por su vida como sombras, las burlas que se cruzaron con Anastasia, las mentiras que creyó necesarias para mantener su fachada. Cada palabra de Yuri le recordaba la vida que dejó atrás y todo lo que pensó que había controlado… y cómo, ahora, una mujer con astucia infinita había logrado burlar su vigilancia. —Mi Anastasia…— susurró Yuri, como si hablara más para sí mismo que para Viktor, y ese diminuto detalle fue suficiente para hacer que Viktor se estremeciera. —Tú nunca debiste matarla, no debías… debieron quedar juntos, y tú lo sabes. Pero eso… eso ya es pasado. Viktor sintió como si un golpe invisible le hubiera atravesado el pecho. Cada músculo se tensó, los puños apretados, los ojos inyectados en sangre, y la mente girando en espiral: Anastasia, Sofía, las decisiones que había tomado, todo convergiendo en un único punto de furia contenida. —¡Dime dónde está ahora!— escupió Viktor, la voz ahora un rugido quebrado. —No me digas excusas, no me digas mentiras… ¡quiero la verdad! Yuri no se movió. No parpadeó. Solo lo observó un momento más, dejando que el silencio llenara el espacio entre ellos. Luego, despacio, con la calma de quien sabe que tiene el control total, dejó escapar la frase que detonó todo: —Ya te lo dije… está en CatsKills. El mundo de Viktor pareció detenerse un instante. CatsKills, una vez más repitió CatsKills, y eso era una respuesta difícil de tragar, de procesar. Su mente se bloqueó por un segundo, porque lo que Yuri decía era imposible, inconcebible, y sin embargo, era verdad. Cada palabra, cada sílaba, golpeaba más fuerte que cualquier bala que hubiera disparado en su vida. Yuri apoyó los codos sobre la mesa, inclinándose ligeramente hacia él, con esa sonrisa que era al mismo tiempo burla y provocación. —Si quieres creerlo, créelo. Si no… bueno, eso ya no es problema mío. Solo digo lo que vi con mis propios ojos. Y créeme, Viktor, lo vi todo. En ese momento, un ligero crujido metálico resonó detrás de Viktor. Apenas un segundo de distracción y de repente, varios guardias que Yuri había mantenido ocultos en la oficina se pusieron de pie simultáneamente, armas al frente, apuntando con precisión. Viktor giró rápidamente, cubriéndose, sintiendo la adrenalina subir hasta la cabeza. Cada guardia era un recordatorio de que estaba atrapado en un juego de poder y astucia del que apenas empezaba a comprender las reglas. El corazón de Viktor latía con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo, el mundo parecía demasiado grande, demasiado peligroso, demasiado imprevisible. Cada segundo era un desafío, y cada respiración, un recordatorio de que, mientras él estaba allí, otra fuerza la que se movía silenciosa, lejos, demasiado cerca de Sofía ya había comenzado a jugar sus cartas.






