Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 142: La pequeña Sofía que ya roba suspiros.
Capítulo 142: La pequeña Sofía que ya roba suspiros.

Habían pasado cuatro meses desde el rescate de Misha, y la mansión Ivanov ya no era la misma. El invierno se había suavizado en un febrero que olía a deshielo y a promesas nuevas.

La nieve se derretía en charcos brillantes en el jardín, los pinos empezaban a soltar gotas que caían como lágrimas lentas, y dentro de la casa todo parecía más vivo, más cálido, más lleno.

La pequeña Sofía ya gateaba. A sus siete meses, era una bolita de rizos negros y mejillas redondas que rodaba por la alfombra del salón como si el mundo fuera suyo.

Sus ojos, iguales a los de Viktor, grises y profundos, seguían a todos con curiosidad tranquila, y cuando sonreía enseñaba dos dientes chiquitos que derretían a cualquiera.

Alexei y Nikolai se peleaban por cuidarla, Alexei quería enseñarle a “caminar como dragón” (lo que significaba arrastrarse con él por el suelo), y Nikolai, con casi dos años, se sentaba a su lado y le ponía bloques de madera en las manitas, diciendo “¡Sofi! ¡Mío!” cada vez que ella los tiraba.

Misha venía casi todos los fines de semana. Carl lo traía y lo recogía en silencio, pero ya no se quedaba en el auto esperando. Bajaba, saludaba a Viktor con un asentimiento breve, le daba la mano a Sofía y a veces, solo a veces, entraba a tomar un café rápido en la cocina.

Elena todavía no pisaba la mansión, pero ya no ponía cara de disgusto cuando Misha hablaba de “la casa de Alexei”.

Había un progreso lento, pero por lo menos, ya era un progreso.

Esa mañana de sábado, Sofía estaba en el salón grande con la laptop abierta sobre la mesa de centro. Seguía manejando las donaciones del imperio, esta vez había aprobado un fondo para escuelas en barrios marginales de su ciudad natal y Moscú, y otro para terapias de niños con autismo.

Viktor la observaba desde el sillón, con Nikolai dormido en su regazo y la pequeña Sofía gateando entre sus pies, intentando atrapar el cordón de su bota. Alexei y Misha estaban en el jardín, gritando y riendo mientras construían una “fortaleza de dragones” con ramas y mantas viejas.

Doña María los vigilaba desde la ventana de la cocina, tarareando una canción muy alegre y preparando chocolate caliente para todos.

Sofía levantó la vista y vio a Viktor mirándola fijamente. Esa mirada... la que decía “ven aquí ahora mismo” sin necesidad de palabras.

Ella sonrió con travesura, cerró la laptop y se levantó lentamente, caminando hacia él con ese balanceo de caderas que sabía que lo volvía loco.

—¿Qué tanto miras, mi rey?— preguntó bajito, sentándose en el brazo del sillón y pasándole los dedos por el cabello corto de la nuca en una caricia suave y provocativa.

Viktor gruñó bajo y gutural que vibró en su pecho, dejando que su mano bajara por la espalda de ella hasta apretarle la carnita regordeta.

—Miro a la mujer que me tiene loco desde el día uno. Y pienso que ya es hora de que me des una nena, todavía recuerdo esa promesa aquella noche...

Sofía se sonrojó fuertemente, recordando cuando él deseó una mini Sofía para ellos, ella lo ve y no apartó la mirada.

—¿Otra Sofía? ¿O un Viktor chiquito? Podría salir un tercer niño...

Él la atrajo hasta que quedó sentada en su regazo, con Nikolai todavía dormido entre los dos.

—Otra Sofía. Quiero verte con la barriga redonda otra vez. Quiero verte amamantar. Quiero verte brillar, de como brillas cuando tienes un bebé en brazos.

Sofía sintió que el calor le subía por el cuello hasta las mejillas, no duda y se inclina besando la comisura de sus labios lenta y provocativamente.

—¿Y si es niño? ¿Lo llamamos Viktor como tú?

Él sonrió contra sus labios.

—Lo llamamos como quieras, reina mía. Pero quiero verte embarazada otra vez. Quiero sentir que crece dentro de ti. Quiero saber que cada vez que te miro… es porque me perteneces más.

Sofía jadeó bajito cuando la mano de él se deslizó bajo su suéter, acariciándole la piel suave del vientre.

—Entonces… hagámoslo, mi rey. Esta noche. Cuando los niños duerman. Sin prisa. Solo tú y yo… y la promesa de otra vida.

Viktor gruñó, besándola profundamente, con hambre contenida.

—Esta noche, reina. Te voy a llenar hasta que no quepa más. Y cuando nazca… le vamos a decir que su hermano mayor la protegió desde antes de que naciera.

En ese momento, Alexei entró corriendo desde el jardín, con Misha detrás y las botas llenas de barro.

—¡Mami! ¡Papi! ¡Hicimos una fortaleza gigante! ¡Y Misha dice que el dragón azul es el rey ahora!

Sofía se levantó rápido, sonrojada, y Viktor se acomodó a Nikolai en el sillón para disimular la erección que ya tenía... bueno, el bebé es inconsciente del despertar de su padre.

—¡Qué hermosos, mis amores!— dijo ella, arrodillándose para abrazarlos. —Vengan a lavarse las manos que la merienda está lista.

Misha miró a Viktor con timidez.

—Señor… ¿puedo quedarme hasta mañana? Mi papi dijo que si usted decía que sí…

Viktor sonrió, suave y tranquilo.

—Puedes quedarte todo el fin de semana, Misha. Esta es tu casa también.

Misha sonrió grande y corrió a lavarse las manos con Alexei, ambos niños llenos de entusiasmo.

Sofía se acercó a Viktor otra vez, le besó la mejilla y le susurró al oído...

—Esta noche, mi rey. Sin interrupciones. Te quiero dentro de mí hasta que me hagas gritar tu nombre.

Viktor la miró con ojos oscurecidos por las pupilas dilatadas.

—Prepárate, Sofía traviesa. Porque esta vez… no voy a parar hasta que estés embarazada otra vez.

Ella se mordió el labio, sintiendo el calor subirle por el cuerpo.

—Prometido entonces, mi amor, esta noche otra vez, hasta que ya no podamos más, hasta que nos desmayemos de felicidad.

Viktor gruñe con aprobación robándole otro beso lento y profundo ya deseando que sea de noche una vez más para hacerla suya como siempre.

Y mientras los niños corrían a la mesa, mientras Doña María servía chocolate y arepas, mientras la mansión se llenaba de risas y de ese olor a familia que no se compra con nada… Viktor y Sofía se miraron con esa promesa silenciosa que siempre los unía.

Un bebé más, una hija más (quizá) Otro dragón en la familia. Porque el amor, cuando es así de verdadero… no se detiene, se multiplica más y más, y ellos… ellos ya estaban listos para multiplicarlo otra vez.

Con besos, gemidos, noches largas y profundas, con la certeza de que, pase lo que pase, siempre habría un lugar donde los dragones rojos y azules volaban juntos.

Y Viktor... ya estaba planeando su próximo movimiento para esta noche para su reina, porque Ivanov nunca se detiene, oh no.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP