Capítulo 141: Las miradas que queman.
Elena Kuzmin se quedó mirando por la ventana del salón principal hasta que el reloj marcó las seis y media. La luz de la tarde se había vuelto grisácea, y el jardín de su mansión parecía más vacío que nunca, setos perfectos, fuente encendida, pero ningún niño corriendo, ninguna risa infantil rebotando en las paredes. Se ajustó el pañuelo de seda al cuello, se miró en el espejo del pasillo, cabello impecable, maquillaje impecable, vestido de cachemira que costaba más que el sueldo de un maestro y