Capítulo 120: El vestido que roba el aliento.
La mansión amaneció envuelta en una niebla suave que se pegaba a los pinos como un velo de novia. El sol intentaba abrirse paso, pero solo lograba teñir todo de un dorado pálido, casi mágico. Dentro, el aroma a café colombiano recién colado se mezclaba con el olor a madera vieja y a lana limpia. Doña María ya estaba en la cocina tarareando una canción que recordó de repente mientras preparaba arepas con guiso y huevos revueltos para todos. Alexei bajaba las escaleras de dos en dos, con el pijam