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Capítulo 108: La explosión.

El puerto abandonado de Moscú era un laberinto de contenedores oxidados bajo la nieve nocturna que caía en copos gruesos, amortiguando el sonido de los tiros como un velo blanco. El equipo de Klaus ya estaba en plena batalla, Viktor agazapado detrás de un contenedor, disparando ráfagas cortas con su pistola silenciada, el aliento saliendo en nubes heladas mientras cubría a Boris que avanzaba por el flanco izquierdo.

Klaus, con su altura imponente y ojos gris azulados fríos que no ocultaban su pasamontañas, apuntaba preciso desde un techo bajo, su rifle eliminando a un guardia que intentaba flanquearlos. Sergei y sus hombres presionaban por el derecho, balas rebotando en metal con chispas que iluminaban la oscuridad.

Al principio, empezaron a perder terreno, los mercenarios de Zelenyy eran más de lo esperado, ocho en total, bien posicionados con rifles automáticos, respondiendo con fuego cruzado que obligaba a Viktor a rodar en la nieve fría para evitar una ráfaga que dejó agujeros humeantes en el contenedor. Boris gritó desde su posición.

—¡Nos tienen fijados! ¡Dos arriba en el techo del 47!

Klaus respondió calmado por el radio en la oreja.

—Cubran la espalda. Yo los bajo.

Y con dos tiros precisos, los dos guardias cayeron del techo con ruidos sordos en la nieve.

Viktor aprovechó, avanzó con Sergei, eliminando a uno que salía de las sombras.

— ¡Adelante! ¡El contenedor está abierto! —gritó Viktor, con la voz ronca por el frío.

El equipo arrazó, Boris derribó al último guardia visible con un tiro en la pierna, y Sergei lo amarró rápidamente con bridas.

Se comenzó a sentir un silencio súbito, roto solo por nieve cayendo, el sonido de los disparos habían quedado como un eco en el ambiente helado.

Viktor jadeaba por el esfuerzo y la adrenalina, con el arma aún lista en su mano.

—Ahora entremos. Dimitri debe estar adentro esperándonos.

Klaus bajó del techo, asintiendo con determinación y firmeza.

—Seamos cuidadosos, iremos lentos y armados. Podría haber trampas.

De repente, sonido de taxi frenando en la entrada del puerto, unas ruedas que derrapan sólo un segundo cortando el silencio como una cuchilla, hizo levantar las cabezas de todos los reunidos.

Ana bajó corriendo con rapidez, el abrigo ondeando como una bandera, su mirada desorbitada por la angustia, la nieve crujiendo bajo sus botas, aún tenía los ojos rojos de tanto haber llorado, la nariz roja y el cabello suelto, se podía ver el aliento cuando jadeaba al correr.

—¡Dimitri!— gritó, corriendo hacia el contenedor abierto y que se veía oscuro por dentro.

Viktor la vio y se le detuvo el corazón por un momento, con la sorpresa marcada en el rostro.

—¡Ana! ¡No te acerques! ¡Retrocede!

Pero ella siguió sin mirar a ningún otro lado más que el contenedor, los metros cada vez más acortándose para llegar ahí.

Justo a unos metros, un click interno se escuchó como juicio final.

Y sin más, el contenedor explotó desde dentro, una bola de fuego naranja irrumpiendo la noche, metal volando, nieve evaporándose en vapor, una onda de choque apareciendo y haciendo volar a Ana metros atrás, estampándose contra la nieve con golpe sordo sacándole todo el aire, un hilo carmesí empieza a brotar de su frente, y le duelen los pulmones al girar la cabeza y ver la terrorífica escena.

—¡DIMITRI!— gritó ella, con la voz desgarrada por la emoción, antes de intentar levantarse con las rodillas temblorosas, y algo desorientada por el golpe.

Viktor corrió hacia ella rápidamente para socorrerla, aún habían balas balas de mercenarios restantes, dos que seguían escondidos, quizá fueron quienes activaron la explosión, y seguían las balas zumbando cerca, pero Klaus y Boris los neutralizaron con rapidez tirando disparos con precisión.

Viktor llegó donde a Ana, y la levantó.

—¡Ana! ¡Quédate quieta, estás herida!

Pasaron los minutos llenos de caos, Viktor presionando la herida de Ana con su bufanda, Ana sollozando desgarradoramente hasta que la garganta se le puso en carne viva.

—Dimitri... estaba ahí... lo perdí...— dijo con su voz temblorosa y ronca por el nudo apretado en su garganta.

Viktor miró el contenedor quemándose, un humo negro subiendo al cielo nevado, casi desplomándose de rodillas, le temblaban como gelatina, no queriendo creer lo que estaba presenciando.

—No... Dimitri no...

Klaus se acercó, con su mirada gélida y calculadora contemplando el terrible panorama, su voz sale ronca pero casi con firmeza.

—Amarren a los enemigos restantes, los que quedaron Inconscientes, pero vivos, les haremos un interrogatorio luego.

Las sirenas se comenzaron a escuchar a lo lejos, policías y bomberos llegando a la ubicación de la explosión, habían sido llamados por dueños del puerto o quizá se activaron algunas alarmas automáticas.

Los bomberos empezaron a apagar llamas, y los policías acordonando y dando instrucciones e interrogando a los presentes.

Klaus habló con el oficial en jefe, su voz mesurada, tranquila pero firme y profesional.

—Somos privados, así que pueden dejárnoslo a nosotros, estamos confirmados por los altos mandos. Base militar de la Isla Dragón.

El oficial asintió comprendiendo, no arrestar las conexiones de Klaus y Viktor aunque ex-mafioso, podía continuar con el equipo de Klaus.

Cuando la llamas bajaron, los bomberos encontraron tres cuerpos en contenedor, quemados en negro, carbonizados, irreconocibles.

Ana vio desde ambulancia, sollozando desconsolada.

—¡Dimitri! ¡No! ¡Mi amor... lo perdí!

no pudo más y se esmayó, los paramédicos se apuraron en atenderla.

Viktor sintió que las rodillas temblaban más, casi desplomándose, los ojos con lágrimas que parpadeó rápido para no mostrar debilidad.

—No puede ser... Dimitri no muere así.

Klaus lo sostuvo, voz baja.

—Sospechoso. Demasiado conveniente. Quemados para no identificar. Huelo a artimaña. Voy a ver a los forenses solos con mi equipo. Descartamos.

Viktor asintió, con la voz más rota que nunca.

—Hazlo. No creo hasta ver.

Volvieron al penthouse horas después, equipo completo, Viktor cargando a Ana herida pero estable, Klaus con expresión calculadora, Boris y Sergei custodiando enemigos amarrados en furgón separado para interrogatorio.

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