Luciana clavó los ojos en la pantalla y no contestó.
La vibración cesó, la pantalla se apagó.
Terminó por apagar el celular y lo dejó, boca abajo, sobre la mesita de noche.
Al otro lado, Alejandro sostenía su teléfono con el ceño fruncido.
¿Luciana no contestaba porque se estaba duchando y no lo escuchaba, o ya se había dormido?
Pensó en llamarla otra vez, pero temió despertarla. Tras pensarlo, desistió y envió un mensaje:
—Alejandro.
Sergio se acercó:
—Todo está listo, podemos comenzar.
—Bien.