Más tarde, Simón pasó a buscarla y la condujo al despacho presidencial de Grupo Guzmán.
—Alejandro está ocupado, ponte cómoda —avisó; después de tantos años, no hacían falta ceremonias.
Luciana se dejó caer en el sofá sin ganas de moverse.
El teléfono vibró: era un mensaje de Alejandro.
—La ropa para esta noche está lista en la sala de descanso. También te dejé tus botanas favoritas; come algo.
Suspiró, guardó el móvil y se irguió con pereza rumbo a la sala privada. Apoyó la mano en el picaporte