Mientras tanto, Fernando estacionó el auto y entró al área de hospitalización.
Luciana abrió la puerta de su habitación y, al verlo, se mostró sorprendida:
—¿Tú por aquí a estas horas? ¿Todo bien?
—Sí, mira… —Fernando levantó la bolsa que traía—. Es lo que dejaste en mi coche hoy; como tú misma lo acomodaste, pensé que tal vez lo necesitabas, así que vine a traértelo.
—¡Ay, es cierto, se me olvidó por completo! —sonrió Luciana, recibiendo la bolsa—. Pasa, siéntate un momento.
—No, no quiero mole