—Hace frío, Pedro. Súbete rápido.
—¡Sí!
Enseguida los tres partieron rumbo al hospital anexo. Esa mañana había muchísima gente en el área de chequeos, pero como Luciana tenía cita y además trabajaba ahí, pudo entrar con Pedro por la sección para el personal. Antes de ingresar, ella le advirtió a Alejandro:
—No hace falta que entres. Con Balma me las arreglo.
—De acuerdo —él asintió—. Los espero afuera.
Y dirigiéndose a Balma, agregó:
—Si surge algo, llámame de inmediato.
—Descuide, señor Guzmán