—Aún no —Martina negó con la cabeza—. Todavía no sé cómo decírselos.
Ivana entendió al vuelo. Tenía miedo de asustar a su familia con la noticia.
—Hijita, no tengas miedo —le apretó la mano—. Aquí la que falla es la familia Morán, no ustedes. Conmigo nadie se atreve a hacerles nada. Quédate tranquila: a los Hernández les va a ir cada vez mejor.
Con esas palabras, a Martina se le desanudó un poco el pecho. Sí, esa había sido su mayor preocupación: que Salvador se desquitara con los suyos. Por eso