—¿Qué? —Alejandro se quedó helado—. ¿Qué pasó?
—No lo sabemos —Juan negó con la cabeza—. Cuando llegamos ya no había nadie. Avisamos de inmediato a Sergio y a Felipe, y confirmaron que salieron de Ciudad Muonio rumbo a Canadá.
¿Irse justo ahora? ¿Por qué? En ese momento Alejandro no tenía cabeza para hilar tanto.
—Mejor que se hayan ido —cerró—. Me ahorran tiempo. Vayan a descansar.
—Sí, jefe.
Los hermanos Muriel se miraron entre sí. No se atrevieron a decirlo en voz alta, pero él también necesi