Al acercarse a la Casa Guzmán, se veía desde lejos un grupo arremolinado en la entrada, discutiendo a voces.
—¿Quiénes son? —Enzo bajó la velocidad.
Luciana entornó los ojos para identificar. No los conocía: nunca había visto a Daniel Guzmán y los suyos. Enzo estacionó a un lado de la acera; Luciana bajó y distinguió entre la gente a Simón Muriel.
—¡Simón!
—¡Luciana! —Simón corrió a su encuentro y la cubrió con el cuerpo para abrirle paso hacia adentro.
—¿Quiénes son? —frunció el ceño, clavando