Capítulo 1193
—¡Eh!

Jacobo no sabía si reír o enojarse: ¿un apretón de manos normal y ya es “manosear”?

Volvió a mirar a Martina y entendió… Salvador había conseguido lo suyo. Con lo que costó, claro que la iba a cuidar como tesoro: no fuera que se le escapara.

Como hermano del alma, Jacobo lo comprendía perfecto.

—Va, fue mi error. No debí —levantó las manos, en son de paz.

No había ido a pelear.

—Sube un momento —Salvador tomó la mano de Martina—. Le digo algo y voy por ti.

—Bueno.

Martina subió. Al doblar
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