Después del desayuno, Salvador llevó a Martina a la UCM.
Al pasar frente a una farmacia, se detuvo.
—¿A dónde vas?
—Espérame tantito.
Volvió rápido con una pomada y se la puso en la mano. Tosió leve, apenado:
—El farmacéutico dice que sirve mucho. Acuérdate de usarla.
—¿Qué…?
Martina bajó la mirada y se puso roja.
Salvador, también cortado:
—Perdón… anoche te lastimé.
—Está bien —sonrió, todavía encendida. Hasta le compró pomada… detallista, el condenado.
***
Como no se vieron con Luciana la noc