Después del desayuno, Salvador llevó a Martina a la UCM.
Al pasar frente a una farmacia, se detuvo.
—¿A dónde vas?
—Espérame tantito.
Volvió rápido con una pomada y se la puso en la mano. Tosió leve, apenado:
—El farmacéutico dice que sirve mucho. Acuérdate de usarla.
—¿Qué…?
Martina bajó la mirada y se puso roja.
Salvador, también cortado:
—Perdón… anoche te lastimé.
—Está bien —sonrió, todavía encendida. Hasta le compró pomada… detallista, el condenado.
***
Como no se vieron con Luciana la noche anterior, quedaron para esa misma noche en la villa Herrera.
Elena tenía a Alba, así que no cocinaron: pidieron a domicilio y se quedaron en casa. Martina se quedó a dormir ahí.
—¿En qué piensas? ¿Traes algo en la cabeza? —preguntó Luciana cuando se quedaron solas.
—¿Se me nota? —se sorprendió Martina.
—A los demás no sé, pero a ti sí te leo —admitió Luciana—. Nombras a Salvador y te me quedas dudando. ¿Qué pasó?
—Me pidió matrimonio —suspiró Martina—. Decidimos casarnos.
—¡¿De veras?! —Lucia