Pero Mario, un hombre de treinta y tantos… si es un tipo normal, que trate seguido con mujeres no tenía nada de raro.
Que nadie lo viera no significaba que no pasara.
Al oírle el tonito dudoso, Antonia se desesperó.
—¡Luci! Tienes que observarlo bien, ¿sí? Mario es de los calladitos pero canijos; aunque traiga algo, no lo va a traer tatuado en la frente.
—Esto… —Luciana soltó una risita incómoda y le habló con tacto—. Pero eso es cosa privada de mi mentor. ¿Que yo lo vigile? Suena medio mal, ¿no