—Luci, quédate aquí tantito, voy a atender a la gente.
—Va.
Era el cumpleaños de Antonia, así que no podía quedarse todo el rato pegada a Luciana.
—Al rato cortamos el pastel juntas, ¿eh? —Antonia le guiñó un ojo y se fue sonriendo.
—Obvio.
Luciana miró alrededor. Aún seguía con el eco del chisme que acababa de saber y, sin pensarlo, buscó con la mirada al otro implicado: Mario Rivera. No lo encontró.
En cambio, vio en la entrada a dos conocidos, uno adelante y la otra detrás: Alejandro primero,