El fin de semana, Luciana dejó a Alba bien instalada y se alistó para salir.
—Mamá.
—¿Cuándo regresas? Hoy me toca dormir contigo, ¿sí?
Desde muy temprano, Luciana había acostumbrado a su hija a dormir sola. Pero las niñas siempre se apegan; al final, ella no aguantaba el corazón y le prometía acompañarla los fines de semana.
—No me olvido —le dijo, acariciándole el cabello—. Cuando regrese, vengo directo contigo. En cuanto abras los ojitos, aquí voy a estar.
—Va.
Con esa respuesta, Alba la dejó