—No entiendo… ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste hacerme esto, Ana?—le dice en un susurro derrotado.
—Lo que no entiendes, Marcos, es que ya no tengo que explicarte nada. Todo lo que necesitabas saber, ya lo sabes. Y lo que sientas ahora, no es más que el eco de tus propias decisiones. No es mi problema. Yo... me cansé. Me cansé de ser la tonta que te soportaba. Me cansé de esperar algo que nunca llegó. Y no seré la esposa ciega que deja pasar un engaño— le dice ella, mirandolo, con indiferencia y de