Gregory suspira y saca un pequeño frasco de su bolsillo.
—Inclina la cabeza —le indica suavemente.
Ana obedece sin preguntar. Sintió el rocío frío del spray disipando sus feromonas. Gregory le acarició la mejilla con ternura.
—No quiero que Marcos sospeche más de lo que ya lo hace —explica—. No sabemos hasta dónde puede llegar si se siente acorralado. No quiero ponerte en peligro.
Ana asintió, sintiendo la presión en su pecho volverse insoportable. Sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y d