Marcos no podía ignorar la espina que se había clavado en su pecho.
Desde hace días, su atención se había centrado en Ana, en cada uno de sus movimientos, en cada salida y en cada regreso. Algo dentro de él le decía que algo no encajaba. No olía ningún rastro de otro Alfa en ella, pero tampoco sentía que todo estuviera bien. Con él, ella no hablaba mucho ni sonreía como antes. Aunque aparentaba estar bien no esta seguro de ello.
Había revisado la cuenta bancaria de Ana, la misma que él solía co