Casi estaba logrando conciliar el sueño cuando sentí la cama hundirse a un lado. Mi corazón dio un vuelco. Abrí los ojos lentamente, y allí estaba Marcos, sin camisa, con su mirada fija en mí.
—¿Qué haces? —susurro, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo.
Él no respondió de inmediato. En lugar de eso, deslizó un brazo bajo su cabeza y me observó con intensidad. Su presencia llenaba el espacio de una forma familiar y abrumadora al mismo tiempo.
—Solo me acosté —dijo finalmente, con una calma