El trayecto hacia el hotel no dura más de quince minutos, pero para Ana cada segundo era una tortura.
Se sentía como una mariposa atrapada en una telaraña, y no podía evitarlo. Gregory la miraba de reojo, con una mezcla de deseo y curiosidad, mientras conduce, que la hacía sentir incómoda y emocionada al mismo tiempo.
Cuando llegaron, la habitación del hotel era un refugio privado y acogedor. Ana intentó mantener la conversación liviana mientras se acomodaban, pero no podía ignorar la tensión e