Al llegar a casa, vi a Marcos esperándonos, él tenía aún la llave de repuesto. Su expresión mostraba sorpresa al vernos.
—¿Cómo llegaron tan rápido? —pregunta, abrazando a los niños.
Antes de que pudieran decir algo, les lancé una mirada. Habíamos acordado no mencionar nada sobre Gregory y su avión privado. Los niños saben que Marcos puede agarrarse de ahí para discutir por semanas.
—Tomamos el primer vuelo disponible —dije, sin entrar en detalles, dejando las maletas a un lado.
—¿Que le pasó a