90: Vuelvo a ser tu prisionera.
El corazón me golpeaba con fuerza dentro del pecho. Tenía a mi bebé entre los brazos, llorando desconsoladamente, y yo… yo no podía contener las lágrimas. El miedo se me metía en la piel como veneno. Estaba en el recibidor de esa maldita casa, con las puertas cerradas a mis espaldas y dos hombres armados bloqueando cualquier salida. Y frente a mí, como si fuera el dueño del mundo, estaba Valentino. Con esa sonrisa ladeada que siempre me había hecho hervir la sangre.
—Estás completamente loco —l