89: Emboscada.
Había pasado una semana desde el escándalo con Analia. Siete días en los que no tuve un solo segundo de verdadera calma. Aunque fingía estar tranquila, cada vez que Mirko me miraba con esos ojos fríos y calculadores, algo dentro de mí se estremecía. Sabía perfectamente que, si en algún momento él llegaba a dudar de mí, no dudaría en aplastarme. Y yo no podía permitirme eso, no con mis hijos de por medio.
Esa mañana, uno de los bebés se había despertado con fiebre y respirando con dificultad. No