66: Trato con el diablo.
Emanuele me llevó a la habitación y me sentó en la cama. No dejaba de llorar; me sentía vacía, flotando en el aire, como si todo mi peso se hubiera esfumado. El odio por Valentino crecía con cada sollozo, era como si me hubieran arrancado el corazón de un tirón y me hubieran dejado un enorme agujero negro que lo ocupaba todo.
Necesitaba vengar a mi padre. Vengarme a mí misma. Necesitaba ver a Valentino sufrir, aunque fuera por unos segundos; quería encontrarme con su mirada y ver ahí el dolor