65: Sed de venganza.
Terminé de comer y fui a la habitación de la hermana de Emanuele. Busqué en su clóset y saqué una chaqueta con capucha, unos jeans y una camisa blanca que parecía fresca. Me miré en el espejo de cuerpo completo: ojeras profundas, la piel pálida, los labios agrietados. Dios… yo era otra persona. Me puse la capucha, respiré hondo y salí de la habitación.
Le di una última mirada al pequeño apartamento antes de cerrar la puerta. Al salir a la calle, la brisa me golpeó en la cara. Se sentía fría y