50: Rota.
La madre de Valentino me miró y sonrió, y entonces supe que ella era consciente de lo que su hijo y esa mujer estaban haciendo. Pero no le daría el gusto de humillarme; levanté la barbilla y le sonreí. Me acerqué a ella y me detuve a su lado.
—Entonces... ¿qué se supone que hacemos aquí? ¿Esto no era para conmemorar al señor Piero? —le pregunté como si nada. Ella me miró, buscando alguna señal en mi rostro de que yo sí hubiera visto a su hijo follarle la boca a esa perra de Analia.
—¿Cómo estás