37: Entre agua y fuego.
Amanecer entre los brazos de Valentino fue una sensación extraña, pero reconfortante. Su pecho duro se movía con un ritmo pausado bajo mi mejilla, y por un instante sentí que todo estaba en calma. Lo miré mientras dormía, aunque conociéndolo estaba segura de que llevaba despierto mucho antes que yo. Para comprobarlo, le di un golpe en el pecho y, tal como lo sospechaba, estalló en una risa grave que hizo vibrar mi cuerpo.
—Eres una persona horrible, pero ya no me vas a engañar más —le dije sepa