Después de que Valentino se marchó, la habitación quedó envuelta en un silencio pesado. Me quedé sola durante un largo rato, con los ojos clavados en el techo, como si esperara que me diera una respuesta que yo misma no podía encontrar. Quería descansar, pero lo único que ocupaba mis pensamientos era lo que había pasado esa mañana con él. Aún podía saborearlo en mi boca, aún sentía su calor impregnado en mi piel, y eso me ponía terriblemente caliente. Las expectativas de lo que pasaría en la no