30: El corazon de un demonio.
Un par de días habían pasado y, aunque intentaba convencerme de que me daba igual, notaba algo distinto en el aire. Valentino se veía cada vez más estresado; su rostro serio, las sombras marcadas bajo sus ojos y la tensión en su mandíbula lo delataban. Yo… yo estaba excluida. Y lo curioso era que, al principio, eso era lo que había deseado. Quería distancia, quería un respiro de su presencia sofocante. Sin embargo, esa parte irracional y estúpida de mí lo echaba de menos. Extrañaba hasta su cer