31: Mas cerca de lo que temo.
Valentino seguía en su propio mundo, entrando y saliendo de la casa a horas imposibles. Regresaba tan tarde que parecía un fantasma que solo cruzaba de paso por mi vida, y cuando lograba verlo de cerca, el agotamiento se le notaba en cada rasgo. Sus ojos tenían ojeras profundas, la piel dorada parecía más apagada y su andar era lento, pesado, como si llevara siglos de carga en los hombros. Y aun así, yo… yo estaba mucho peor.
El hombre que me había entregado la nota no dejaba de mirarme. Cada vez que pasaba cerca, sentía sus ojos clavarse en mí como cuchillas, esperando, casi exigiendo una respuesta que yo me negaba a dar. Lo ignoraba todo lo que podía, pero esa mirada suya, fija, penetrante, me perseguía como una sombra que se colaba en mi piel.
Ahora maldigo el día en que acepté aquel trato. Maldigo mi ingenuidad, mi ambición, mi maldita necesidad. ¿Cómo diablos podía salir de esto sin perder la vida en el intento? Era como caminar descalza sobre vidrio, sabiendo que cada paso podía