Francine se daba vueltas en la cama, la sábana enredada entre las piernas y el celular firme entre las manos.
La pantalla parpadeaba, iluminando el cuarto a oscuras. Ninguna notificación. Ningún mensaje. Nada.
Resopló y dejó el aparato sobre la almohada a su lado.
Intentó convencerse de que no estaba esperando nada, de que Dorian probablemente estaba ocupado… o durmiendo… o en alguna reunión con un billonario aburrido que usaba tirantes y hablaba despacio.
Pero no coló.
Francine repasó mentalme