La maquilladora bajó el spray, dio un paso atrás y dijo con una sonrisa satisfecha:
— Terminamos.
Esa simple palabra fue suficiente para que el corazón de Francine se acelerara. Por un instante, tuvo ganas de llorar, pero se contuvo para no arruinar nada.
Se levantó despacio, los pies descalzos tocando el piso de madera, y se colocó frente al espejo de cuerpo entero.
Se quedó mirándose por un momento.
El reflejo que la observaba ya no parecía la chica de semanas atrás, perdida entre cafés y cli