Francine se puso el uniforme con la precisión de quien intenta disimular los nervios y salió temprano de la habitación, yendo directo a la cocina.
El desayuno tenía que estar servido antes de que Dorian bajara, exactamente como él lo exigía.
Acomodaba las tazas, reponía la fruta, ajustaba las servilletas con más cuidado del necesario.
Intentaba mantener las manos ocupadas, porque la cabeza… bueno, la cabeza seguía atrapada en aquel mensaje de la madrugada.
Cuando escuchó los pasos acercándose p